viernes, 11 de octubre de 2013

El nuevo movimiento feminista: Nueva tendencia que se ha abierto paso en el seno del movimiento feminista

Hay que hacer mención a la nueva tendencia que se ha abierto paso en el seno del movimiento feminista y que trata de conjugar dos ideologías tan contrarias e irreconciliables como el marxismo y el feminismo. Tras esta corriente, a poco que se profundice en ella, sólo se pueden encontrar las posiciones burguesas de siempre; eso sí,ahora aderezadas con unos cuantos términos pseudo-marxistas. Ante la descomposición del sistema capitalista y los logros alcanzados por la mujer en el socialismo, no pueden ocultar que la emancipación de la mujer pasa por la destrucción del actual sistema de explotación. Dicho reconocimiento tiene un carácter vergonzante, ya que antepone la lucha de sexos y las reivindicaciones específicamente femeninas a la lucha de clases. Se han visto obligadas, ante el avance de la revolución en todas partes, a declararse marxistas, pero sus posiciones no han cambiado; en el fondo, no son sino un intento más de la burguesía de desviar la lucha de la mujer trabajadora al terreno de las reformas dentro del sistema. Encubierta con una palabrería izquierdista, esta corriente se alza en abierta oposición a la concepción que propugnan las verdaderas organizaciones marxista-leninistas; de ahí sus ataques contra la incorporación de la mujer al movimiento revolucionario y contra los logros de la mujer en el sistema socialista.

"La mujer en el camino de su emancipación"

Carmen Jimenez Castro

domingo, 6 de octubre de 2013

Dos concepciones en torno a la emancipación de la mujer: La cuestión femenina

El sistema capitalista, a medida que ha ido avanzando, ha hecho añicos la antigua economía familiar en la que la mujer tenía una actividad productiva que le proporcionaba el sustento y daba sentido a su vida. Por ello, mientras subsistió este tipo de economía natural, la mujer no era consciente de su falta de derechos, de la discriminación que sufría en la sociedad y en la familia. Pero el nuevo modo de producción impuso a miles de mujeres la necesidad de buscar un sustento fuera de la economía natural y, así, tuvieron que dirigir sus pasos hacia la producción social.
Al empujar a la mujer a la producción industrial, el capitalismo crea las condiciones necesarias para que ésta tome conciencia de su situación y luche por su emancipación. Su trabajo, despreciado hasta entonces, pasa de nuevo a ser imprescindible para la sociedad y la mujer empieza a comprender la contradicción que existe entre su participación como fuerza de trabajo socialmente útil y su carencia absoluta de derechos en el orden político, social y, por supuesto, familiar, donde el marido ha dejado de ser ya el único sustento de la familia. Dicha contradicción va a ser el origen de la toma de conciencia que hará surgir un fenómeno completamente nuevo, la «cuestión femenina» y el consiguiente nacimiento de un movimiento de mujeres que, desde un principio, tomó dos direcciones: mientras que las mujeres de la burguesía formaron organizaciones feministas, las trabajadoras se fueron incorporando a las organizaciones obreras. Es necesario añadir que, al ser un producto exclusivo del modo de producción capitalista, no existe una cuestión femenina en la clase campesina [...] En cambio, podemos encontrar una cuestión femenina en el seno de aquellas clases de la sociedad que son las criaturas directas del modo de producción moderno. Por tanto, la cuestión femenina se plantea para las mujeres del proletariado, de la pequeña y media burguesía, de los estratos intelectuales y de la gran burguesía; además presenta distintas características según la situación de clase de estos grupos. Como se desprende de estas palabras de Clara Zetkin, la cuestión femenina está íntimamente ligada a las clases; tanto es así que, desde el primer momento, los movimientos de mujeres que surgen van a tener unas características, unos planteamientos y unas reivindicaciones propias, dependiendo de la posición de clase desde la que sean planteados.
Así tenemos que, para las mujeres de la alta burguesía, la cuestión femenina tenía un objetivo claro: disponer autónoma y libremente de su patrimonio. Como mujeres, seguían dependiendo de sus maridos y, aunque participaban del patrimonio, no podían disponer de él. La lucha se debatía, en consecuencia, contra los hombres de su propia clase. Clara Zetkin señalaba a este respecto: Mientras el capitalismo exista, el derecho de la mujer a disponer libremente de su patrimonio y de su persona, representa el último estadio de emancipación de la propiedad.
Para la pequeña y media burguesía, el problema se planteaba en el terreno del derecho al voto, el derecho a la instrucción ya poder ejercer cualquier profesión sin discriminación alguna. La mujer de las clases medias debe conquistar, ante todo, la igualdad económica con el hombre y sólo lo puede conseguir mediante dos reivindicaciones: la de igualdad de derechos en la formación profesional y la de igualdad de derechos para los dos sexos en la práctica profesional. Desde un punto de vista económico, esto significa la consecución de la libertad de profesión y la concurrencia entre hombre y mujer. La consecución de estas reivindicaciones desencadena un contraste de intereses entre los hombres y las mujeres de la media burguesía y de la intelligentsia. La concurrencia de las mujeres en las profesiones liberales es la causa de la resistencia de los hombres frente a las reivindicaciones de las feministas burguesas. Se trata del simple temor a la concurrencia; sea cual sea el motivo que se hace valer contra el trabajo intelectual de las mujeres: un cerebro menos eficiente, la profesión natural de madre, etc., sólo se trata de pretextos. Esta lucha concurrencial impulsa a la mujer, que perterlece a estos estratos, a la consecución de los derechos políticos, con el fin de romper todas las barreras que obstaculizan su actividad económica.
Hay que tener en cuenta un hecho; a medida que el capitalismo ha ido desarrollándose, el nivel de vida de estas clases ha ido descendiendo, lo que ha hecho cada vez más difícil a los hombres mantener ellos solos a toda la familia. Esto ha empujado a las mujeres de las familias más desfavorecidas a buscar un trabajo; para otras, no ha sido tan sólo la situación económica, sino que para ellas el trabajo era la única forma posible de desarrollar su propia personalidad. Así, pues, el problema se planteaba en la lucha contra los hombres de su propia clase por eliminar la discriminación que sufría en todos los terrenos: económico, social, político y familiar.
Para la mujer proletaria, por el contrario, su emancipación está inmersa en la lucha contra el sistema capitalista y al lado de sus compañeros de clase. Para las trabajadoras, el origen de la cuestión femenina parte de la necesidad que el sistema capitalista tiene de su fuerza de trabajo barata, para lo que ha roto las barreras de las diferencias de sexos y ha equiparado, en sus resultados productivos, la fuerza de trabajo femenina y masculina. Los capitalistas se han aprovechado de esta fuerza de trabajo mucho más barata y con un grado de organización y de experiencia de lucha mucho menor, para someterla a unas condiciones de trabajo leoninas. La obrera, con su incorporación a la producción, consigue la independencia económica y ya no tiene que depender del padre o del marido; sin embargo, no por ello mejora su situación; por el contrario, se hace aún más desesperada.
La lucha de la mujer trabajadora nunca se ha circunscrito a conseguir tal o cual reforma dentro del sistema capitalista; esto no quiere decir que, en ocasiones, no haya apoyado ciertas reivindicaciones del movimiento feminista, pero sólo como un instrumento para alcanzar su verdadero objetivo: la revolución socialista. La liberación de la mujer siempre ha estado ligada a la liberación de la clase obrera. Y, si en los inicios del movimiento femenino, la lucha de la mujer, al igual que la del resto de los trabajadores, se planteaba frenar la explotación capitalista y, en concreto, como mujeres, evitar que se pusiera en peligro su condición específica de madre, esta lucha siempre ha estado enmarcada en la lucha general por la revolución socialista, ya que las trabajadoras son muy conscientes de que nunca podrán alcanzar la igualdad y la plena participación en todos los aspectos de la vida mientras exista una sociedad dividida en clases, que presuponga la explotación del hombre por el hombre y la desigualdad para la mayoría en todos los terrenos.

"La mujer en el camino de su emancipación"

Carmen Jimenez Castro

sábado, 5 de octubre de 2013

Biografía de Mari José Baños Andujar, presa política de los GRAPO.

Nací el 11 de noviembre de 1964 en un pequeño pueblo del sureste francés, donde mis padres -emigrantes de Murcia- se erradicaron tras casarse, para poder vivir. Mi padre, mecánico de profesión, hasta que se jubiló con 70 años vivió para trabajar y trabajó para poder vivir. En 1972 regresamos todos a Murcia.
Desde muy cría conocí el mundo de las drogas, me convertí en politoxicómana y mi mundo era el de la delincuencia menor.

En 1992, con una hija y en prisión me dijeron que era seropositiva. Pero parecía que todo me daba igual, vivir o morir era parecido. Mucha gente me preguntaba sobre lo que opinaba sobre mi futuro y yo me preguntaba que de qué futuro hablaban. Pateando patios se me fue quedando la juventud y la droga seguía en mi vida.

En uno de esos patios, empecé a conocer, charlar e hice amistad con varias presas políticas. Empecé a ser consciente que esos encuentros iban a ser parte fundamental en mi vida. De la charla pasamos al intercambio de pareceres, a las discusiones (primarias al principio) políticas, sociales... Cada día me fui interesando más, leyendo, charlando hasta agotar a mis amigas...
Empecé a descubrir un mundo muy diferente al mío, solidaridad, lucha, compromiso hasta el final, un poco de real historia y mucha mucha dignidad. Mis amistades fueron creciendo, carteo, nueva gente y todo ello me fue fortaleciendo mucho en mi autoestima, confianza, conocimientos...
Dejé de consumir totalmente, y empecé a llevar una vida de dignidad y lucha en 1993. En 1994 me intentan chantajear para que rompa mi amistad con los presos políticos y me trasladan a Meco. En 1996 me trasladan a Brieva. Las y los presos del Colectivo de militantes comunistas y antifascistas iniciaron ese año dos huelgas de hambre, que estrecharon aún más los lazos que yo ya sentía por ellos.
Empecé a estudiar, a formarme profundamente, siempre con el aliento de las que hoy son mis camaradas. Pero II.PP no vio con buenos ojos aquella reinserción, la verdadera, que yo hacía en la vida, en la lucha, en el amor. Y casi me cuesta la vida:
En 1997 soy amenazada de muerte por la guardia civil en uno de los traslados “por ser amiga de terroristas”. Me hacen la vida imposible en prisión (cambios de celda continuos, me obligan a compartirlas con presas con síndrome de abstinencia y enfermedades contagiosas para mi VIH). Me obligaron a tomar medicación psiquiátrica. En uno de los numerosos traslados, en la cárcel de Murcia soy golpeada por dos jefes de servicios y una tropa de carceleras... Una desatención médica me hizo abortar sola en una celda, y varios errores médicos fueron entre otros los motivos por los que mi salud se fue deteriorando gravemente. En uno de ellos me diagnosticaron y “trataron” una hernia de hiato, cuando lo que tenía era una infección en el estómago.
Las ostias en esos años me venían de todos los lados. Dejé de ser una presa común para convertirme en una presa politizada. Y eso era una gran batalla perdida para ellos. Seguí formándome, fortaleciendo física y políticamente, adquiriendo conciencia, y encima conciencia revolucionaria.
Me mueven de prisiones como a una pelota: Murcia, Meco, Brieva, Picassent, Badajoz, vuelta e ida entre ellas por varias veces... En un traslado me roban las fotos de mi hija, en otro aparece destrozada la TV...
Pero aún les quedaba una baza por jugar -muy utilizada por cierto-: atacar el punto más débil, en mi caso la salud, y en ello se esforzaron al máximo.
Pero no contaban con que, además de mi total resistencia a su intento de exterminio, la calle, los y las compañeras, la solidaridad, la denuncia, AFAPP, Salhaketa, Comités de presos... hicieron crecer una campaña estatal exigiendo mi libertad. No me daban mucho tiempo de vida y la campaña había sido un éxito total, con centenares de firmas, apoyos... y en menos de un año me vi en la calle de la que me tenían secuestrada.
Salí en febrero de 2000, con miedo, después de tantos años de prisión, pues todo iba a ser nuevo para mí, desconocido en su dimensión real, habiendo entrado como yonky y salido como persona digna, con ideas revolucionarias. Y además, sentía que salía con una gran responsabilidad, para mí y para todos los demás. Sí, salía con muchísima ilusión y ganas de vivir.
Me acogieron en Galiza una gran familia y ahí comenzó una nueva etapa para mí. Pude desarrollar mi nueva vida, intensamente. El tiempo que pasé en la legalidad fue de un gran aprendizaje humano y político. Las discusiones políticas, la camaradería, las campañas y mis primeras experiencias a la puertas de las fábricas... muy intenso y constructivo.
Pero las condiciones con las que me habían aplicado el artículo 92 me limitaban todo, seguir avanzando, luchando.... Ese fue uno de los motivos principales que me hicieron plantearme pasar a la clandestinidad. Otro fue darme cuenta que en la calle había algo que no había cambiado con respecto a la cárcel. Allí dentro, las armas del carcelero mayor son sus funcionarios con o sin uniforme, la represión, el aislamiento, el chantaje, las palizas, sus venganzas diarias, la porra, el spray asfixiante, sus esposas y las (sus) drogas. Y allí fuera, era lo mismo, pero a mucho mayor dimensión y escala. Sí, era verdad lo que me decían mis ya además de amigas, camaradas: “La cárcel es el reflejo de la sociedad”. Sí, además lo vi con mis propios ojos. Explotación, represión, inundación de drogas metidas por el Estado, criminalización, el Estado armado hasta los dientes...
A primeros de mayo de 2001 me incorporé en un comando de los GRAPO, plenamente consciente, orgullosa y convencida. Esa ha sido hasta el momento la mejor etapa de mi vida. Era, para simplificar, ilegalmente libre.
El 18 de julio de 2002 fui detenida por la G.C. en Vitoria, donde me hallaba de paso. Caí junto a muchos camaradas, pero también detuvieron a simples solidarios o militantes comunistas. Diez y ocho antifascistas en total. En mi paso por las brutales torturas, fui drogada con una sustancia que me hizo perder el control del tiempo-realidad. 
Desde mi entrada, y ahora, pienso que es época de luchar de nuevo desde estas trincheras de hormigón, prisión de kunda tras prisión, lucha tras lucha, día tras día.

Mi estado de salud es delicado, pues necesito trasplante de hígado, que desde luego en estas casas no me van ni a realizar ni a permitir. Pero sigo resistiendo y aun de todas las trabas, sigo siendo ilegalmente libre. ¡Y ahora soy abuela además!
Mis ejemplos diarios son quienes han estado y están en mi vida y en mi lucha y aquellos que dieron la vida por y para ella.

Biografía extraída de: http://amnistiapresos.blogspot.com.es/

Y se sigue adelante.



Y SE SIGUE ADELANTE


Se agrietan los labios
de muecas de odio.
Sangran las bocas
en gritos de rabia.
Se rompe la risa
en un funeral de llanto
y se aprietan los puños
y se sigue adelante.

Se despierta del sueño
a golpe de maza.
Se burlan los miedos
detrás de las ventanas.
Se apagan las luces
sin aún nacer el alba.
y se aprietan los puños
y se sigue adelante. 

Se desgarran las manos
de abrazos prohibidos, deseados,
y sangran las bocas,
sangran los labios.
Sangra el odio, la rabia.
Sangra la noche ausente
y se nace y se muere
para volver a nacer
apretando los puños
y siguiendo adelante.


Mari Jose Baños (presa política de los G.R.A.P.O.)

viernes, 4 de octubre de 2013

Principios ideológicos que perpetúan la opresión.

En la historia de la sociedad de clases, siempre se ha apartado a la mujer de la esfera dela producción social, se la ha confinado en el hogar con la tarea de reproducir la fuerza de trabajo y se la ha privado de todos sus derechos. Para justificar esta situación, en este largo proceso, se ha ido creando toda una serie de concepciones tendentes a justificar su opresión ya ocultar, por todos los medios, la realidad de que esta opresión no es sino el fruto de la división social del trabajo y de la aparición de la propiedad privada.

Desde la sociedad esclavista hasta nuestros días, los filósofos, pensadores y hombres de relevancia política, han elaborado toda una serie de teorías que tienen como fin, presentar la situación de la mujer como algo natural. Así, por ejemplo, el Aristóteles de la sociedad esclavista afirmaba: « Es una ley natural que existen elementos naturalmente dominantes y elementos naturalmente dominados [...] el gobierno del hombre libre sobre el esclavo es un tipo de dominio; el del hombre sobre la mujer, otro». Por su parte, el Rousseau de la Ilustración « ilustraba» a los ciudadanos y ciudadanas de su época con sentencias de este estilo:  «Toda la educación de la mujer debe referirse al hombre. Complacerlo, serle útil, hacerse amar y honrar por él, educarlo cuando joven, cuidarlo cuando adulto, aconsejarlo, consolarlo y hacerle la vida dulce y agradable. Estos son los deberes de las mujeres en todo momento y lo que debe caracterizarlas desde su más tierna infancia». Tomás de Aquino o San Agustín no merecen tampoco ser olvidados en este pequeño recorrido; para ellos, las mujeres eran seres imperfectos e inferiores por naturaleza, mientras que para el célebre Napoleón Bonaparte, « la naturaleza quiso que las mujeres fuesen nuestras esclavas [...] son nuestra propiedad  [...] nos pertenecen tal como un árbol que pare frutos pertenece al granjero [...] la mujer no es más que una máquina para producir hijos».

Con el desarrollo del capitalismo, los ideólogos burgueses también han dado a luz todo tipo de teorías pseudocientíficas para demostrar, al igual que sus antecesores, la supuesta inferioridad biológica de las mujeres. 
Es cierto que entre el hombre y la mujer hay diferencias biológicas obvias; no obstante, « sobre las mismas se ha erigido, en el curso de la historia, una vasta superestructura cultural por la cual se fomenta el desarrollo, en la mujer y en el hombre, no sólo de tipos físicos sino de rasgos de temperamento, carácter, inclinaciones, gustos y talentos que se suponen biológicamente inherentes a cada sexo. Se consideran como características sexuales secundarias, inamovibles, fatales y ahistóricas». Así, se hizo a la mujer responsable de la continuidad de la especie, pasando «por alto» la coparticipación del hombre. Y, paralelamente, surgió la creencia de la incapacidad de la mujer para realizar las tareas «pesadas», «peligrosas» o de «responsabilidad» . 

De esta forma, se han creado dos formas de caracteres y comportamientos sociales radicalmente opuestas dependiendo del sexo, consolidadas y apuntaladas por la moral, la legislación y la cultura y que, en realidad, son sólo fruto de la división del trabajo.

Mientras que, para la mujer, lo determinante es la maternidad y todas las actividades relacionadas con el hogar, para el hombre lo principal es el trabajo productivo y las actividades sociales. Estos cánones de conducta, conservados y profundamente arraigados a través de los siglos, determinan de antemano la distinta educación y destino del futuro ser, según nazca varón o hembra. A la niña, por ejemplo, se le impide realizar  juegos violentos y, con ello, se perjudica su necesario desarrollo físico y la formación completa de su carácter. Se le reprime y, con mucha frecuencia, hasta se le prohíbe, toda curiosidad por los instrumentos de trabajo e, incluso, se llega a crear en ella el temor a la investigación y al mundo exterior a la familia; en los juegos, se la limita casi exclusivamente al ámbito del hogar: la muñeca, el juego de cocina con sus cacerolitas y platitos, los costureros con sus agujas y sus hilos... son, entre otros, los regalos más acostumbrados para una niña; en cambio, nunca se le regalan camiones, juegos de carpintería o pistolas. Unido a todo esto, se le va inculcando la idea de que es un objeto decorativo, bonito,  femenino...; así se le crea la conciencia de que ha nacido para agradar por el sexo. 
Este hecho tiene una gran importancia ya que, a través de él, poco a poco, se va enfocando a la niña hacia su futuro papel en la sociedad, desviando sus fuerzas creativas hacia la reproducción de la especie y las labores domésticas.

Por su parte, la poesía, la novela, la música, los medios de comunicación de masas, las costumbres y hábitos..., es decir, la cultura, proseguirán esta obra y, así, al llegar a la edad adulta, la mujer se habrá convertido, objetivamente hablando, en un ser atrofiado. Eso es, justamente, lo que se requiere de ella: que sea mansa, pasiva, abnegada y con un miedo patológico a la independencia. Así se crean las cadenas que la definen como tradicionalmente conservadora e insegura. Y, por este mismo motivo, cuando la mujer se atreve a romper estas cadenas e inicia la lucha por su emancipación, inevitablemente tiene que superar muchos más obstáculos que el hombre y romper con muchas más lacras y prejuicios que éste para evitar su tendencia a buscar la protección y la aprobación de un hombre o para sacudirse la secular inseguridad que la acompaña, a causa de la carga reaccionaria que ha recibido en su formación como persona. 
En contraposición, al hombre se le educa para todo lo contrario; de hecho, va a tener que ser el futuro trabajador. En consonancia con este papel, en él se estimula al máximo el desarrollo de la fuerza física, de la inteligencia, de la audacia... características todas ellas, falsamente asociadas al concepto de «virilidad». 

Por otra parte, a la mujer también se la bombardea con una amplia profusión de ideas cuyo objetivo no es otro que hacerla sentir como un objeto de apropiación masculina; en base a esto, su verdadero valor -socialmente reconocido- se encuentra en su sexo. Por ello, la mujer debe convertirse en un permanente foco de atracción social y utilizar «sus armas» -encanto, belleza, femineidad, etc.- para promocionarse socialmente.

 Pero los cánones de belleza que rigen en el mercado sexual están muy lejos de ajustarse a las condiciones de las mujeres trabajadoras; estos son atributo, único y exclusivo, delas clases poseedoras y tienen como meta «infiltrar en las conciencias de las clases explotadas los valores estéticos y morales de la clase dominante». ¿ Cuál es si no el prototipo de mujer ideal propuesta por los medios de comunicación, por la literatura y por las canciones de la sociedad burguesa? ¿A qué intereses responde ese prototipo de mujer de piel suave, miembros esbeltos y gestos dulces, sin atisbo alguno de desarrollo muscular? Sin duda, es el prototipo de mujer de la clase dominante, un prototipo en el que se rechaza todo desarrollo físico alcanzado por la realización de tareas productivas o de deporte; un prototipo que no admite presencia muscular alguna, ni las manos anchas y fuertes de trabajadora, ni la frente contraída por el estudio. Tales atributos están ciertamente reñidos con la necesidad de esa mujer a quien, desde su más tierna infancia, hay que preparar para la competencia sexual. De esta forma, las mujeres se convierten en atractivas mercancías. 

Por último, hay otro aspecto a señalar: la unión entre los dos ideales de mujer -la mujer  bella, a la moda y la buena ama de casa, firmemente anclada en la cocina-. Para poder compaginar ambas facetas, la mujer se ve abocada, firmemente y de lleno, al consumismo: la moda, la cosmética, los electrodomésticos... Y aun en el caso de que no pueda adquirir estos objetos de consumo, no por ello está menos libre de la influencia de los medios de comunicación masivos; en este sentido, no podemos olvidar que se la conforma para comprar y no para producir. Este hecho crea una conciencia social femenina por la que se obliga a las mujeres a consumir objetos totalmente innecesarios, que abarcan una amplia y variopinta gama: las pestañas postizas, las pelucas, las joyas, las medias de seda, los electrodomésticos de todo tipo... y los bienes ideológico-culturales como revistas femeninas, películas, etc., que la encadenan a una psicología típicamente «femenina», lo que constituye la mejor garantía para que ésta no escape al papel que tiene encomendado en la sociedad y en la familia.

La división de tipologías masculina y femenina, radicalmente opuestas, se manifiesta, asimismo, en la existencia de una doble moral -en la que el hombre tiene el papel represivo- que garantiza su opresión sobre la mujer en las relaciones cotidianas. Según esta doble moral, se incentiva en él todo lo que se reprime bestialmente en ella. Así, mientras a ésta se le exige fidelidad absoluta, en aquél se valora su grado de «virilidad» por el número de conquistas que haya realizado. La moral y la cultura patriarcales actúan como guardianes en una doble vertiente: para cuidar que la mujer no se desmande y abandone su papel y para evitar la toma de conciencia por parte del hombre. 

En definitiva. La ideología patriarcal que ha enfrentado radicalmente los sexos, creando cánones totalmente opuestos de conductas sociales para cada uno, tiene como fin el garantizar una mano de obra semiesclava para la reposición privada de la fuerza de trabajo y, por supuesto, no tiene base científica ni biológica alguna en que apoyarse. Es una ideología que sólo beneficia a las clases dominantes y que intenta confundir al pueblo para impedirle tomar plena conciencia de la capacidad creadora de la mujer; una capacidad creadora tal que, si fuera masivamente volcada en la producción social y en las demás esferas de la vida, provocaría un fabuloso salto adelante. Esta ideología justifica también la deformación y la sobreexplotación de la mujer en la sociedad de clases y actúa de freno en mujeres y hombres para intentar evitar la toma de conciencia y la unión de ambos sexos en la lucha conjunta contra la sociedad de clases.

"La mujer en el camino de su emancipación"

Carmen Jimenez Castro