miércoles, 16 de julio de 2014

Palestina: El papel de la mujer en la lucha por la liberación de Palestina

La mujer palestina ha tenido un destacado y decidido papel en la lucha por la liberación de Palestina por muchas décadas. Si damos un vistazo a través de la historia, percibiremos los innumerables casos de mujeres que han dedicado su vida a esta lucha.

En 1920 los Palestinos se enfrentaban a dos fuerzas opresoras: los británicos y los inmigrantes hebreos. Frente a esta situación, las mujeres palestinas fueron pasando por varias facetas, primeramente, en lo social, ya que debido a los sangrientos acontecimientos, se hacen conscientes del sentido militante de cuidar a los lesionados, con ello van formando parte del movimiento de trabajo social voluntario, el cual una vez estando allí, les permitió integrarse, en la lucha social y política.

Luego en 1921, con la creación de la Unión de las Mujeres Árabes, la cual inicia actividades de tipo humanitaria y médica a favor de quienes luchaban contra el dominio inglés, van reflexionando que es importante no aislar la acción social de la acción política.

Posteriormente en 1929, se realiza el Primer Congreso de Mujeres Árabes palestinas, el cual contó con la participación de más de 300 delegadas de todo el país. Las participantes a tal evento elevaron protestas a la Sociedad de Naciones ante las terribles injusticias de las cuales eran víctimas los habitantes árabes. Al finalizar este congreso se emite una declaración en la cual se señala “apoyar a sus hombres en esta causa nacional”.

En la década de los años treinta, se organiza un movimiento llamado Zahrat Al-Okhowan, el cual estaba conformado por un nutrido grupo de mujeres militantes, quienes combatían la ocupación inglesa en Palestina.

En 1936, se lleva a cabo una huelga general, en reacción al desplazamiento que estaban llevando a caboduración de 6 meses. Ella buscaba boicotear todos los productos judíos y extranjeros. Con esta acción se logró además, la concientización de mujeres árabes de otros países, para que se solidarizan con Palestina. Gracias a ello, se realiza el Congreso de las Mujeres de Oriente en El Cairo en 1938 concretizando este fin.
los judíos contra los palestinos en sus territorios; en la misma participaron hombres y mujeres y tuvo una

Para el año de 1940, las mujeres incursionan en el mundo de la información, escuchándose por vez primera su voz en Radio Jerusalén. Así como también en la literatura con la publicación de poemas y cuentos, en los periódicos “Palestina” y “El Yihad”.

Siete años después, con la creación del Estado colonial de Israel por parte de la ONU y la partición de Palestina, cerca del 90 por ciento de la población palestina, fue expulsada de su territorio por la fuerza. ¿Cuál fué entonces la misión de la mujer palestina ante esta situación?. Cito las palabras de la activista palestina Reem Alnuweiri respecto a esto:
La mujer palestina también se convirtió en refugiada y su misión crítica fue mantener intacta la identidad nacional de Palestina. Ella tuvo que curar los dolores, reunificar las familias, asegurar la comida en la mesa junto a su compañero, y sobretodo, conservar la memoria… Los palestinos criados por familias de refugiados, que nunca vieron Palestina, tienen un claro panorama de ello, sólo por las memorias de sus madres y abuelas, y la trascendencia continúa a través de las generaciones”.

Igualmente durante la guerra de 1948, las mujeres ejercieron un rol importante. En la misma cavaron trincheras y refugios, y pelearon contra el ofensor en campos y ciudades.

En 1967, luego de la ocupación por parte de las tropas israelíes de los territorios de Gaza y Cisjordania, las mujeres palestinas participaron en protestas y marchas para combatir esta situación. Es importante destacar en este período, el nombre de Intissar Al Uazir, conocida como “Um Yihad”: madre, profesora de historia, oriunda de Gaza. Fue una de las primeras militantes palestinas, desde que tenía 15 años. Fue miembro del Consejo Nacional Palestino y del Consejo Revolucionario de Al Fatah. Asimismo fue durante un tiempo, en 1966, el “cerebro” de todas las operaciones militares de Al Fatah y dirigió la lucha junto con Ahmed El Atrach y Abu Ali Iyad. Ella nos relata que un día lluvioso de 1956, cuando tenía 15 años, encontraron una fosa común de jóvenes (hombres y mujeres), en Tel`Et El Muntar, ante el horror de tal escena, fue como un golpe en su cara, y decide luchar contra la dominación sionista en su territorio, nos dice que estas circunstancias son las que aceleran la concienciación revolucionaria.

Ya para finales de los sesenta, las organizaciones principales de resistencia reconocen que las mujeres palestinas son uno de los recursos más importantes que posee la revolución, además muchas mujeres jóvenes recibían entrenamiento militar.

En otro aspecto cabe señalar, que ya para finales de los años setenta, todas las facciones políticas palestinas tenían comités de mujeres, aparte de las muchas organizaciones de caridad para crear conciencia y educar a las mujeres para resistir la ocupación.

Cuando comenzó la primera Intifada o “Levantamiento” en 1987, nuevamente la mujer palestina jugó un papel significativo, al liderar las manifestaciones, creando comités de ayuda popular, y en el mantenimiento de campañas de boicot contra productos israelitas en las regiones de Gaza y Cisjordania. Al mismo tiempo se enfrentaban a las fuerzas israelíes en las calles al exigir, una vez se tomaba preso un niño palestino, su inmediata liberación, como si fuera su hijo.

Con la segunda Intifada, que comenzó el 28 de septiembre de 2000, las mujeres continúan llevando adelante, con esa fuerza de voluntad inquebrantable que las ha caracterizado, la resistencia contra las tropas israelíes para lograr la independencia de Palestina.

La mujer palestina ha tenido que dar una lucha titánica contra muchas situaciones, como el de ser forzadas a dar a luz en los puestos de control militar israelitas, del cual ya más de 20 mujeres y 36 niños han muerto, trayendo consigo entonces que aumenten los partos en el hogar, que den a luz en lugares con condiciones inseguras o no supervisados por personal capacitados en el área de salud, además de que se ha multiplicado el número de embarazadas que no han recibido cuidados prenatales debido a la restricción de movimientos, que mueran asesinadas bajo la metralla de algún soldado israelita, el tener que sufrir la pérdida de su hijo, esposo, padre, hermano, primo, tío u otro familiar o sino toda su familia, la destrucción de sus casas, la falta de trabajo, el soportar vejámenes, humillaciones, torturas, mala alimentación una vez están presas en las cárceles sionistas y si están embarazadas la situación se complica más aún, pues algunas de ellas ni tan siquiera les quitan las esposas en el parto, no reciben atención médica y sus hijos no tienen nada con que jugar y si lloran, sus madres son castigadas. El despojo de los árboles que una vez cultivaron, la confiscación de sus tierras, por parte de los nuevos racistas, los nuevos afrikaners de este siglo.

Éstos para reforzar su ocupación han bloqueado o destruido cientos de rutas, controlan todos los viajes entre Cisjordania y Gaza, han dividido los territorios en comunidades aisladas, prohibiendo que la población palestina pueda circular libremente entre ciudades y pueblos. Los viajes que antes sólo duraban minutos ahora duran horas. La población palestina necesita de permisos para viajar de una ciudad a otra, y muchas veces estos permisos son negados sin dar ninguna explicación. Debido a esto miles de personas se ven impedidas de poder viajar a sus puestos de trabajos, escuelas, hospitales, etc. Por otro lado se ha construido una masiva red de caminos la cual es, exclusivamente para los colonos judíos, asimismo un impedimento principal para la libertad de movimiento es la mal llamada “cerca de seguridad” israelí, el cual está duramente militarizado, pero que en realidad representa el nuevo símbolo del apartheid de este siglo.

Y ante la faz del mundo, todavía algunos países se atreven a llamarlos terroristas. Al respecto reflexiono y me pregunto: No les llaman así también a los insurgentes iraquíes por defender la dignidad y libertad de un pueblo masacrado por las garras del imperialismo yanqui?; hacen décadas, a los negros sudafricanos les llamaban salvajes por luchar por sus derechos, a los indígenas americanos bestias sin alma por no obedecer los mandatos de la corona española, a nosotros los panameños se nos culpó también por los hechos acaecidos el 9 de enero de 1964 y se nos llamaba comunistas por el sólo hecho de luchar por nuestra soberanía en todo el territorio y eliminar esa “quinta frontera”... Se pretende pues, hacer ver que las víctimas de las injusticias son los victimarios, nada más alejado y distorsionado de la realidad.

Pero frente a las balas, tanques, helicópteros, aviones de guerra F-16, misiles, bloqueo económico, se levantan todos los días hombres y mujeres que le hacen guerra a toda esta maquinaria del terror, mujeres que son un ejemplo de lucha, como Helua Zidan, quien al ver como asesinaron a sus hijos y esposo, se armó de valor y comenzó a disparar contra los soldados israelitas, Dallal Al Moghrabi, quien fue la primera joven palestina que participó en una operación militar, llamada “mártir kamel el Aduan, grupo de Deir Yessin”, al secuestrar un autobús en Tel-Aviv, en 1975, Maha Nassar, quien fue prisionera política, miembro del Frente Popular para la liberación de Palestina y de la liga Socialista Palestina, Leila Khaled, quién llamó la atención al mundo sobre la lucha de los palestinos cuando junto a otros camaradas del Frente Popular para la liberación de Palestina, secuestró 5 aviones en 1970 demandando la libertad de prisioneros políticos palestinos y en el cual también participó un mártir del Frente Sandinista de Liberación Nacional , y Hanadi Jaradat, valiente joven abogada, que a sus 28 años se convirtió en la sexta mujer suicida contra la ocupación colonial judía, y muchas otras heroínas de los barrios palestinos, dispuestas a sacrificar sus vidas por ver algún día su patria libre.
proyectiles de alta velocidad prohibidos por la comunidad internacional, bombardeos a barrios palestinos, el poco acceso al agua, asesinatos de activistas y líderes, el segregacionismo, el apartheid, la violación de los derechos humanos,

Con estos y miles de ejemplos más, podemos estar seguros de que a la sagrada patria Palestina, jamás le faltara el sacrificio de una mujer, de una madre, de una hija, que la amen más que a su propia vida, porque solo así la victoria está asegurada y será cosa de tiempo el ver a una Palestina libre y soberana dentro del concierto de naciones prósperas.

¡VIVA PALESTINA LIBRE!

¡VIDA ETERNA A TODOS LOS MÁRTIRES Y HÉROES PALESTINOS!

¡LA JUSTICIA Y LA RAZÓN VENCERÁN LA FUERZA Y LA OPRESIÓN ISRAELÍ!

¡GLORIA A TODAS LAS MUJERES PALESTINAS!



Link:
http://www.palestinalibre.org/articulo.php?a=43938

domingo, 6 de julio de 2014

División del trabajo: Consolidación de tipologías sexuales opuestas

División del trabajo y propiedad privada son términos idénticos: uno de ellos dice referido a la esclavitud, lo mismo que el otro, referido al producto de, ésta.

Carlos Marx y Federico Engels: La ideología alemana

Las ideas dominantes no son otra cosa que la expresión ideal de las relaciones materiales dominantes... Por tanto, las relaciones que hacen de una determinada clase, la clase dominante, son también las que confieren el papel dominante a sus ideas (Ibídem]

Así, Aristóteles dijo:
«Es una ley general que existen elementos naturalmente dominantes y elementos naturalmente dominados... el gobierno del hombre libre sobre el esclavo es un tipo de dominio; el del hombre sobre la mujer es otro...»

Y Napoleón Bonaparte:
«La naturaleza quiso que las mujeres fuesen nuestras esclavas... son nuestra propiedad... nos pertenecen, tal como un árbol que pare frutas pertenece al granjero... la mujer no es más que una máquina para producir hijos.»

Jean Jacques Rousseau:
«Toda la educación de la mujer debe referirse al hombre. Complacerlo, serle útil, hacerse amar y honrar por él, educarlo cuando joven, cuidarlo cuando adulto, aconsejarlo, consolarlo y hacerle la vida dulce y agradable. Estos son los deberes de las mujeres en todo momento y lo que debe caracterizarlas desde
su más tierna infancia.»

P. J. Moebius:
«Si las capacidades femeninas se desarrollan en el mismo grado que las del varón, sus órganos maternales sufrirían y tendríamos un híbrido repulsivo e inútil.»

Juan XXIII:
«Dios y la naturaleza dieron a la mujer diversas labores que perfeccionan y complementan la obra encargada a los hombres.»

A continuación, la ciencia burguesa produjo numerosas teorías destinadas a probar la inferioridad biológica de la mujer. Del mismo modo en que la esclavitud, el imperialismo y el fascismo dieron lugar a la elucubración de innumerables teorías seudo-científicas tendientes a demostrar la inferioridad de los pueblos oprimidos y a justificar su genocidio, sicoanalistas, biólogos, médicos, sociólogos y antropólogos elaboraron un número impresionante de teorías destinadas a mantener a la mujer «en su lugar».

Las tipologías sexuales radicalmente opuestas que conocemos hoy son el producto de la división del trabajo. Si bien se asientan en diferencias biológicas obvias, sobre las mismas se ha erigido, en el curso de la historia, una vasta superestructura cultural por la cual se fomenta el desarrollo en la mujer y en el hombre no sólo de tipos físicos sino de rasgos de temperamento, carácter, inclinaciones, gustos y talentos que se suponen biológicamente inherentes a cada sexo. Se consideran como características sexuales secundarias, inamovibles, fatales y ahistóricas.

Carlos Marx, glosando a Adam Smith, escribió:
«La diferencia entre un portero y un filósofo son menores que entre un galgo y un perro policía; la brecha entre ellos existe por medio de la división del trabajo.»
«La diferencia de talentos naturales entre distintos individuos no es tanto la causa como el efecto de la división del trabajo.»

Si por un momento fuéramos capaces de liberarnos de todos los prejuicios y de la experiencia personal distorsionada que ha configurado nuestra ideología del sexo, advertiríamos que las tipologías contrapuestas que hoy conocemos no se deben tanto a las diferencias biológicas básicas como a la obra milenaria de la división del trabajo.

A través de la historia de la sociedad de clases, la tarea fundamental de la mujer fue la producción de la fuerza de trabajo. En este largo proceso se desarrollaron e implantaron las estructuras jurídicas y los rasgos culturales que mejor convenían a esta situación. La moral, la legislación y la cultura, consolidan y apuntalan las tipologías opuestas masculinas y femeninas.
Se hizo a la mujer responsable de la continuidad de la especie, pasando por alto la coparticipación del hombre. Correlativamente, surgió la creencia en la incapacidad de la mujer para realizar tareas «pesadas», «peligrosas» o «de responsabilidad".

Mientras en la tipología femenina clásica la conducta reproductora es determinante, en la masculina aparece como principal el trabajo para el intercambio y la defensa jurídica y militar de los bienes creados-.

Los cánones de conducta cristalizados a través de milenios predeterminan de manera absoluta la formación educacional y el destino social del nuevo ser humano según nazca varón o mujer. La formación de la niña, especialmente en las sociedades subdesarrolladas y entre las clases explotadas, la inhibe de realizar juegos y competencias violentos, perjudicando su desarrollo físico y caracterológico. Toda curiosidad por la mecánica, por los instrumentos de trabajo, le es prohibida.

Circunscrita a los estrechos límites del hogar, el primer e inevitable regalo que recibe una niña es la
tradicional y bobalicona muñeca (¿por qué no se le regala una subametralladora o un juego de carpintero?), con su habitual ajuar de cacerolitas, sillitas, escobitas, costureritos, cepillitos y espejitos. Junto con estos tempranos objetos de juego, recibe un largo decálogo de prohibiciones tendiente a crearle temor a la investigación, al mundo exterior, a la familia.

Se insiste igualmente en transformarla en un elemento decorativo, bonito, «femenino», creando en ella desde temprano la convicción de que ha nacido para agradar por medio del sexo y no para actuar por medio del trabajo. Estos hechos condicionan todas sus fuerzas creativas hacia la reproducción de la especie y la reproducción privada de la fuerza de trabajo. De niños, tanto el hombre como la mujer reciben, en miniatura, los instrumentos que utilizarán de grandes. Su ejercicio permanente los conforma y condiciona en uno u otro sentido, tanto física corno síquicamente. De este modo, la secreta división del trabajo queda asegurada; el cimiento de la sociedad de clases inalterado, por el reclutamiento temprano de fuerza de trabajo invisible.

La cultura de clases —la poesía, la novela, la música popular, los medios de comunicación masivos, los hábitos y costumbres— proseguirá la obra minuciosa y devastadora del primer ámbito infantil. Prisionera de un patrón antropológico asfixiante, la mujer verá desviar inevitablemente sus mejores energías creadoras hacia una hipertrofiada cultura del amor y la reproducción. Al llegar a la edad adulta, la mujer será objetivamente un ser atrofiado, que se considera a sí misma como un subproducto humano. La escala de valores de la que ha sido provista y a la que se adhiere desesperadamente en un mundo que es hostil a su desarrollo pleno, la convence de que su promoción social sólo puede provenir del empleo de sus características y rasgos sexuales. De la mujer clásica se requiere la mansedumbre, la pasividad, la abnegación y el terror patológico a la independencia. Nuestro mundo occidental y cristiano sabe asfixiar con lazos de seda. No hace falta achicarles los pies a nuestras niñas. Basta con crearles inhibiciones monstruosas, basta con provocar la muerte de la audacia, la energía y la curiosidad que conduce a la investigación.

Se crean así las cadenas internas que definen a la mujer como conservadora, como insegura, como cobarde para iniciar una lucha franca por su plena liberación. Aun rechazando la mística tradicional femenina y el fardo de la cultura de clases, aún cuando asuma la lucha revolucionaria, tenderá siempre a buscar la aprobación de una autoridad masculina superior. Este cúmulo de «virtudes» que le enajenan a la mujer su condición humana y que se agrupan bajo el seudónimo social de femineidad, son las que mejor convienen a la reposición privada de la fuerza de trabajo.

Del hombre joven se espera exactamente lo contrario. En el futuro trabajador visible se estimula al máximo el desarrollo de la fuerza física —desarrollo que en la mujer se reprime— de la inteligencia y de la audacia para el combate, características que se agrupan bajo el desgastado slogan de «virilidad». Un lastimoso ejemplo del contraste provocado por la división del trabajo, son las figuras públicas con las cuales en el capitalismo se bombardea a los hombres y a las mujeres para su emulación e identificación respectivas: el señor Presidente y Marilyn Monroe. La existencia de una moral dualista sanciona en las relaciones cotidianas la opresión del hombre sobre la mujer. Esta moral requiere: del hombre, la demostración de una agresividad sexual que en algunas sociedades deviene obsesiva; y de la mujer, la correspondiente provocación masoquista. La ideología nacida de la oposición macho-hembra, encuentra su expresión costumbrista en la falsa galantería y en los piropos callejeros, destinados a inculcarle a la mujer la convicción de que no es más que el objeto de la apropiación masculina.

Lo que la mujer corriente no alcanza a mentalizar es que esta apropiación no se ejerce sólo sobre su «belleza», sobre su «ser poético e ideal», sino que esta apropiación tiene como fin último la confiscación de su fuerza de trabajo invisible mediante el contrato matrimonial.

El romanticismo se constituyó en la más formidable cortina de humo que pudo segregar la historia para ocultar la explotación de la fuerza de trabajo esclava. El regordete Cupido que revoloteaba en torno de nuestras abuelas, fue en realidad el más efectivo gendarme al servicio de la propiedad privada.


Fuente: Hacia una ciencia de la Liberación de la mujer, Isabel Larguía y John Dumoulin