miércoles, 29 de enero de 2014

Panfleto del SRI en Baiona: "¡Sin la mujer, no hay revolución!"

El 24 de enero de 2014, la plataforma de organizaciones feministas de Iparralde realizó una concentración delante del consulado de España para denunciar la nueva Ley del Gobierno PP contra el aborto libre y en solidaridad con las mujeres en España.
El Comité por un SRI de Baiona se unió a este acto y ha difundido el texto siguiente en forma de hoja.                                                                         




"El proletariado no puede alcanzar su plena liberación sin conquistar la libertad de la mujer"
V. I. Lenin

Mi cuerpo es mío. ¡Aborto libre y gratuito!

1. Ante la subida de la Reacción en Europa: ¡Respuesta y unidad antifascista!

Sin duda alguna, no queda nada más a esperar del capitalismo procedente históricamente de la división de las tareas y de los géneros (hombre/mujer), pues de la aparición de la explotación y de las clases con el Estado como fuerza de coerción.
Siempre y en todas partes, el capitalismo tiene por blanco a la mujer para sentar su sistema de explotación y dividir a la Humanidad.
No olvidamos que la miseria social se conjuga al femenino en el mundo entero.
El comienzo del siglo 21 nos enseña las evidentes contradicciones de un sistema capitalista moribundo pero feroz, el imperialismo, que ataca el conjunto de los derechos democráticos y cuál desde luego no tiene nada de "democrático" mientras despliega su arsenal reaccionario para mantener sus intereses.
En el Estado francés o español, por todas partes en Europa, cual sea el partido político oficial de turno... no son más que medidas represivas en contra de los proletarixs con la presencia en 1° Línea de: las mujeres, lxs jóvenes y inmigrantes.
Cómo ser sorprendidxs por esta medida reaccionaria en un Estado español monarco-fascista del cual dicha "Transición democrática" nunca ha realizado una ruptura verdadera con el Golpe de Estado fascista del 1936 marcando así el fin de la República Popular revolucionaria del 16 de febrero de 1936 que hacía temblar los Estados ya imperialistas en Europa y en otro sitios: Francia, GB, EE.UU., Alemania nazi, Italia fascista...

2. Unidad y Lucha de clase

La presencia demasiado escasa, localmente y en general, de mujeres en los grupos antifascistas es preocupante: ¡sin mujeres, no hay revolución social! ¡Sin mujeres y transgéneros, no hay lucha antifascista! ¡Sin colores diversos y sin inmigrantes, no hay lucha antifascista! ¡Sin transmisión colectiva real y abierta de la Memoria Histórica de clase, no hay lucha antifascista!
¡Las armas son las mismas para todxs!
Nosotros, las mujeres y los hombres revolucionarixs, debamos ser el ejemplo que sin lucha de clase decisiva contra la ideología Reaccionaria del imperialismo que engendra el fascismo y el oportunismo, no podremos defender nuestros derechos democráticos conquistados históricamente por la lucha encarnizada de lxs proletarixs y de algunxs progresistas.
En ningún caso, los Estados imperialistas -del cual los Estados francés y español- no pueden ser democráticos, a pesar de este traje grotesco que endosan, puesto que su fundamento es Reaccionario y no dejan de efectuar violentos ataques contra lxs trabajadores (sobre todo contra las mujeres, en mayoría abrumadora entre lxs explotadxs) para explotarlxs mejor y contra otros pueblos para blindar y aumentar sus ganancias.

3. ¡Revolución social!

Sólo la lucha de clase organizada nos permitirá derribar este sistema por medio de la Revolución social y construir otra sociedad sin explotación, ni clases. No es una utopía, eso ya ha ocurrido. El 19 de noviembre de 1920, el aborto libre de las mujeres fue legalizado por 1° vez en el mundo en la URSS, entre muchos otros derechos fundamentales de las mujeres y de los hombres.
Debemos analizar seriamente los fracasos puesto que son ante todo debidos a la negligencia cara a los medios extremadamente violentos utilizados por los portadores de la ideología capitalista -la clase burguesa- que pretenden "Dividir para imperar mejor" y que no vacilan en recurrir al crimen masivo e institucionalizado en nombre de una "democracia" espectral que -de hecho- maltratan y atacan recurriendo por eso a Leyes de Excepciones infames. ¡UNIDAD DE CLASE!

Fuente: http://amnistiapresos.blogspot.com.es/ 

lunes, 27 de enero de 2014

Biografía de Haydée Tamara Bunke Bider (Tania) (1937-1967)

¿Nada será mi nombre alguna vez? 
¿Nada dejará en pos de mí en la tierra? 
Al menos flores, al menos cantos... 
¿Acaso en vano vinimos a vivir, a brotar sobre la tierra?

Tania


Nacida en Buenos Aires el 19 de noviembre de 1937, Tamara Bunke era hija de padre alemán y madre polaca, ambos comunistas y ambos maestros, que tuvieron que refugiarse en Argentina en 1935 huyendo de la persecución nazi. En Buenos Aires trabajaron como profesores. Además de alemán, la madre hablaba ruso y su padre, además de idiomas, daba cursos de gimnasia. 
En 1951, cuando tenía 12 años, los padres regresan a su país para ayudar en la reconstrucción de la República Democrática Alemana. Allí conoció Tamara los relatos de dolor y muerte que había dejado el fascismo en ese país y en toda Europa y por eso, para mantener allí la lucha contra el fascismo, al llegar se integró a la Juventud Libre Alemana. Luego estudió en la Facultad de Letras de la Universidad Humboldt, fue instructora de tiro deportivo y ganó varias medallas. Con sólo 18 años de edad comenzó a militar en las filas del Partido Socialista Unificado de Alemania. 
Pero Tamara no olvida ni Argentina ni Latinoamérica. Con su acordeón, canta milongas y tangos y mantiene un contacto muy frecuente con latinoamericanos. La revolución cubana la llena de alegría, según narraba en una carta a un amigo. 
En 1960 conoció al Che, quien viajó a la República Democrática Alemana al frente de una delegación comercial de la que Tamara y su madre eran traductoras. Ambos argentinos, ambos de ninguna parte, el Che y Tamara tenían muchos lazos en común y, desde entonces, se creó un circuito de simpatía entre ellos. Tamara decide establecerse en Cuba y contribuir a la defensa de la primera revolución socialista latinoamericana. 
El 12 de mayo de 1961 llega a la isla invitada por el Ballet Nacional de Cuba de la mano de su directora, Alicia Alonso. Estudia periodismo en la recién inaugurada Universidad de La Habana; como hablaba francés, inglés, alemán, español y un poco de italiano, trabaja en el Ministerio de Educación, el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos y en la dirección nacional de la Federación de Mujeres Cubanas. Se hizo miliciana del CDR y también colaboró en el trabajo voluntario llenanado sus manos de callos en la faenas agrícolas. 
En 1963, comenzó un riguroso entrenamiento operativo para el trabajo de inteligencia, que le capacita cumplir complicadas y arriesgadas misiones, vivir clandestinamente, recopilar información, soportar en silencio todos los pedecimientos sin poder compartir tampoco las alegrías revolucionarias. En su interior todo se tiene que transformar. Tamara queda atrás y nace Tania, la que luego sería, junto al Che, la heroica guerrillera de las selvas de Bolivia. 
El 20 de febrero de 1964 concluye la primera fase de su preparación y se traslada a Cienfuegos para preparar su plan práctico operativo. 
A fines de marzo de aquel año el Che la recibe en su oficina del Ministerio de Industria para informarle de los detalles del plan y su misión clandestina en Bolivia: tiene que preparar la red urbana de un movimiento guerrillero de alcance continental. La compartimentación tenía que ser total; trabajaría sola; no podría contar más que con sus propias fuerzas. El Che le advirte que, por difícil que fuera su situación, no debía vincularse a las organizaciones políticas de izquierda, ni revelar su verdadera identidad. 
El 9 de abril de 1964 utilizando un pasaporte con el nombre de Haydée Bider González partió rumbo a Europa occidental para aprender a transformar su lenguaje y actitudes por las propias de la sociedad burguesa en la que debía desenvolverse. Entre las variadas misiones encomendadas estaban las de tomar fotos de una aldea en una región determinada que luego pudiera mostrar como su pueblo natal y la de un matrimonio de edad avanzada, previamente estudiado, para poder presentarlos como sus padres. 
Viajó con documentos y bajo dos personalidades distintas, Vittoria Pancini y Marta Iriarte. El 5 de agosto de ese año llegó a Frankfort en la República Federal de Alemania, allí adoptó la personalidad de Laura Gutiérrez Bauer, de nacionalidad argentina, con la que trabajaría clandestinamente en Bolivia. 
En los primeros días de octubre de 1964, partió para Bolivia convertida en una etnóloga especializada en arqueología y antropología. El 5 de noviembre de ese mismo año llegó a Perú; desde la capital peruana viajó en avión al Cuzco, en tren a Puno y en una camioneta hasta Yunguyo, última población peruana en la frontera con Bolivia. De aquí pasó a territorio boliviano sin mayores dificultades, se alojó en un hotel de la población de Copacabana, y al día siguiente continuó para La Paz. 
En la capital boliviana se vinculó con los pintores Juan Ortega Leytón y Moisés Chire Barrientos, este último pariente del presidente boliviano. Ambos le presentaron a otros artistas e intelectuales. Estableció estrechas relaciones con Gonzalo López Muñoz, jefe de la Dirección Nacional de Informaciones de la Presidencia de la República, amigo personal de la más absoluta confianza del Presidente. López Muñoz pertenecía al reducido grupo de funcionarios que tenían acceso a todas las dependencias del Palacio, incluidas las habitaciones privadas del mandatario boliviano. Por sus manos pasaban documentos secretos, incluso antes de recibirlos el Presidente. López Muñoz la acreditó como agente suscriptor del semanario IPI, una publicación confidencial que él dirigía, exclusivamente al alcance de funcionarios, políticos y personas de alto nivel dentro de la sociedad boliviana. Este trabajo le permitió valiosas relaciones y acceso a las oficinas del jefe de informaciones. 
Se relacionó con la Secretaría de Planificación del gobierno boliviano, con Ana Henrich, quien fuera secretaria del Senado, vinculada al ministro del Interior Antonio Arguedas, con altos dirigentes del gobierno, con partidos políticos reaccionarios, altos jefes militares y muchas otras personas influyentes, como el periodista Mario Quiroga, de tendencia falangista, quien le proporcionó empleo como correctora de pruebas del periódico Presencia, el de mayor tirada del país. 
Tania entabló amistad con Julia Elena Fortún, a través de la cual trabajó en el comité de investigación, integrado por un numeroso grupo de especialistas, que estaba adscrito al Departamento de Folclor del Ministerio de Educación. Estudió el arte folclórico con rigor científico. Montó la primera exposición de trajes típicos de Bolivia. Recorrió el altiplano boliviano, con el propósito de reunir canciones autóctonas. Representó al departamento de folclor del Ministerio de Educación de Bolivia en un festival celebrado en la ciudad de Salta en Argentina. 
Para entrar en el Departamento de Folclor necesitaba una carta de recomendación de la embajada argentina, que le proporcionó Ricardo Arce, secretario de esa misión diplomática, con quien estableció estrechas relaciones. Arce le presentó a todo el personal de esa embajada, incluso a Marcelo Barbosa, cónsul de Argentina en la ciudad de Santa Cruz. Se relacionó con los miembros del protocolo del Ministerio de Relaciones Exteriores de Bolivia, donde llegó a ser muy conocida. Al asistir a una fiesta en el exclusivo club La Paz, acompañada de Ricardo Arce, éste la presentó a sus amigos como una persona que trabajaba en la embajada argentina. Este hecho le abrió muchas puertas y, sobre todo, nuevas e interesantes relaciones. Con Ricardo Arce y el mexicano Juan Manuel Ramírez concurrió a otra actividad social a orillas del lago Titicaca, donde se encontraban altos oficiales de las fuerzas armadas, ministros del gobierno y el general Barrientos, a quien conoció personalmente. 
El 20 de enero de 1965 había logrado su radicación definitiva y entablar relaciones con importantes personalidades gubernamentales: altos jefes militares, como el general Ovando, diplomáticos acreditados en La Paz, artistas, investigadores, periodistas, dirigentes políticos reaccionarios y oligarcas. Tania comenzó a impartir clases particulares de alemán a los hijos de la oligarquía local, lo que le permitió visitar sus casas, relacionarse con sus familiares. 
Contrajo matrimonio con Mario Martínez, estudiante de ingeniería eléctrica e hijo de un importante ingeniero de minas. La boda se celebró en la casa de la artista Yolanda Rivas de Plaskonska. De esa forma obtuvo la ciudadanía y el pasaporte boliviano. 
El 1 de enero de 1966 arribó a la ciudad de La Paz el representante de una importante y famosa firma de belleza que respondía al seudónimo de Mercy. Su verdadera identidad nunca fue descubierta por la CIA ni por los servicios secretos bolivianos. La misión secreta de Mercy era contactar con Tania para entregarle los nuevos códigos de las comunicaciones secretas. 
En abril de 1966 Tania salió de Bolivia y sostuvo varias entrevistas clandestinas en México con Juan Carretero (Ariel), su nuevo enlace. Éste le comunicó que le había sido concedida la militancia del Partido Comunista de Cuba y que en La Paz contactaría con un compañero que, al igual que ella, estaba radicado en esa ciudad y bajo cuyas órdenes debía ponerse. Regresó a la capital boliviana y en el mes de mayo de 1966 recibió la señal convenida, acudió al lugar previamente acordado y estableció contacto con su enlace en La Paz. 
Al iniciar la fase de preparación y organización de la lucha armada, Tania era ya un engranaje indispensable en el desarrollo del trabajo urbano de la guerrilla, aunque la idea general del Che no era de que participara en las acciones, sino que, dadas las posibilidades de conexiones en las altas esferas gubernamentales, dedicarla a la información y mantenerla como reserva, contando con alguien fiable para el ocultamiento de los guerrilleros e incluso la recepción de algún mensajero que viniese con algo extremadamente importante. El 10 de julio de 1966 Tania inició los preparativos para la llegada de los guerrilleros: alquiló casas de seguridad que pudieran servir de almacenes y preparó recipientes para el envío de mensajes cifrados. 
Cuando el Che llegó a Bolivia se entrevistó con ella y le transmitió las últimas instrucciones. El 20 de diciembre de 1966 el Che escribió en su Diario de campaña que se había resuelto apurar los contactos de Coco Peredo, que estaba trabajando dentro de la oficina de informaciones de la Presidencia de la República, hablar con Megía -revolucionario peruano cuya identidad aún no se ha revelado- para que éste sirviera de enlace entre Iván y el hombre de la Presidencia. Señaló que Iván mantendría contacto con Tania, con Megía y Sánchez -Julio Dagnino Pacheco-, otro revolucionario peruano que trabajaba en la clandestinidad en Bolivia y, además, con un militante del Partido Comunista de Bolivia. La red de apoyo urbano se estaba conformando aceleradamente, e incluía a Hugo Lozano, como radista, Rodolfo Saldaña, los doctores Walter Parejas Fernández y Humberto Rhea Clavijo, también a Loyola Guzmán y otros militantes del Partido Comunista de Bolivia. 
En diciembre de 1966 Tania conduce al traidor Mario Monje, Secretario General del Partido Comunista de Bolivia, al campamento guerrillero, donde los esperaba el Che. El Che habló primero con ella y le dio la orden de viajar a Argentina para entrevistarse con Mauricio y Jozami y citarlos en el campamento guerrillero. El Che trataba de empezar a tejer la red guerrillera en Argentina, reanudando la guerrilla de Salta. 
El Che la había ordenado no regresar a Camiri porque corría el riesgo de ser localizada. Sin embargo en marzo, una vez sorteados todos los obstáculos y cumplida su misión en Argentina, Tania regresa conduciendo en su todoterreno al francés Régis Debray y al argentino Ciro Bustos (superviviente de la guerrilla de Salta) a la Casa de Calamina en Ñancahuazú. 
Fue un error. Su tercer viaje a la base guerrillera fue también el último. El Che no estaba. Mientras le esperaban, desertan Vicente Rocabado Terrazas y Pastor Barrera Quintana, quienes informan al ejército boliviano, a sus servicios de inteligencia y a los oficiales de la CIA, de la presencia de Tania en el campamento guerrillero y de que ésta había viajado en un todoterreno hasta Camiri. Allí el vehículo fue localizado con su documentación. La reacción descubre a Laura Gutiérrez Bauer como guerrillera. 
A partir de entonces se incorpora a la lucha armada. Le entregan un uniforme de campaña y un fusil M-1. El Che la destina a la columna de la retaguardia, dirigida por el cubano Juan Vitalio Acuña Núñez (Joaquín). 
El Che ordena separar las dos columnas. Al mando de Joaquín, la retaguardia guerrillera sale hacia Río Grande. En un terreno tan abrupto, la adaptación de Tania al medio geográfico fue asombrosamente rápida. Había momentos en que había que descolgarse por sogas, gatear, prácticamente arañando sobre las rocas. Caminaba a pesar de las terribles llagas que tenía en los pies. Las comunicaciones entre ambas columnas eran pésimas y Joaquín pierde contacto con el Che, que durante semanas trata de localizarle infructuosamnte por la espesura. 
A finales de agosto, la retaguardia llega a la casa del traidor Honorato Rojas, un campesino de la región. Los guerrilleros durmieron en la casa del campesino y, al despuntar el alba, se retiraron, previo acuerdo de que al día siguiente Rojas los guiaría por un atajo hacia el Vado de Yeso. Esa misma noche, una compañía de soldados, dirigida por el capitán Mario Vargas, marchó en dirección al Masicuri Bajo. Al otro día, el jefe del destacamento discutió los últimos detalles del plan con Rojas: Usted haga lo que los guerrilleros le han pedido -le dijo-. Pero hágalos cruzar el Vado exactamente donde yo le diga y no más tarde de las tres. El 31 de agosto, a la hora convenida, los guerrilleros se encontraron con el campesino, quien les guió un trecho y les indicó el Vado. Los guerrilleros siguieron andando y, antes de que el sol declinara a su ocaso, el campesino se despidió dándoles la mano. Los soldados esperaban agazapados en ambas márgenes del río, prestos a presionar el dedo en el gatillo. El cubano Israel Reyes Sayas (Braulio) fue el primero en sentir el roce tibio del agua. Volteó la cabeza y, machete en mano, ordenó cruzar el río. Cuando todos los guerrilleros se hubieron sumergido en el torrente -excepto José Castillo-, con la mochilla pesada y sosteniendo el arma sobre la cabeza, el capitán Mario Vargas impartió la orden de abrir fuego desde ambas orillas. Varios resultaron muertos y otros asesinados en el mismo momento. 
Tania fue la penúltima en sumergirse en la rápida corriente del Río Grande, justo delante de Joaquín que cubría las espaldas de sus compañeros. El agua casi le llegaba hasta la cadera cuando se escucharon las primeras ráfagas. Intentó agarrar su fusil pero una bala le atravesó el pulmón. La corriente la arrastró tendiéndola luego sobre un remanso. Los soldados no encontraron su cadáver hasta siete días después. Aún no había cumplido 30 años. Desde entonces, cada 31 de agosto, manos desconocidas llenan de flores aquel lugar donde se encontró su cuerpo. De este modo la guerrillera Tania, la flor silvestre de Río Grande, convertida ya en leyenda, revive el grito de libertad que recorre América Latina. 
Sus restos, identificados y trasladados a Cuba en 1998, reposan en un mausoleo en Santa Clara, junto a los del Che y demás guerrilleros inolvidables. El 28 de octubre de 1999 la escritora cubana Graziella Pogolotti escribía en el diario Granma: 

Es de acero el temple de quienes dejaron su huella en la historia. Pudieron hacerlo, sin embargo, porque sus pies estaban sólidamente afincados en la tierra, porque vivieron intensamente en lo cotidiano la existencia de hombres, porque estuvieron unidos a los demás por múltiples y diversos lazos, porque no sintieron, en suma, la Revolución como un conjunto de principios abstractos, sino como acción concreta, heroica sí, pero también construida con el modesto trabajo de cada día, hecho para los hombres y con los hombres, donde la disposición al sacrificio total va unida al anonimato y a la preocupación por la eficacia... 
La admiración va creciendo por la estatura moral de la combatiente y, al propio tiempo de ese ejemplo personal se desprenden y consolidan, de manera indirecta, los principios de una ética, de una conducta. No se trata de un conjunto de normas abstractas, impuestas desde a fuera, sino del pleno acuerdo entre la conciencia individual y los requerimientos de la acción revolucionaria. La solidaridad nace de sentirse parte del sufrimiento de otros, del combate y el sacrificio de todos. Surge espontánea cuando se toman las armas para responder a una amenaza directa. Indispensable y más profundamente arraigada tiene que estar en el combatiente solitario instalado en un medio hostil, obligado a llevar a toda hora, una máscara, vigilante siempre de los demás y de sí mismo. Ese duro aprendizaje fue el de Tania. 
No sólo el de las técnicas de la inteligencia, sino el saber aprisionar su verdadera personalidad, asumir otro nombre, lo que significa comportarse en toda hora de manera diferente. En medio de esa terrible soledad, el espíritu se mantiene, cuando se sabe que ese aislamiento es circunstancial, que otros en la distancia prosiguen en formas diversas el mismo combate. 
Internacionalismo revolucionario no es etiqueta que corresponda al aventurero, sediento de nuevas experiencias. Nace de un profundo arraigo, como el de Tania en el recuerdo de su Argentina natal, de un genuino rechazo de la explotación como el de Tania renunciando al camino seguro que le brindaba la RDA, al trabajo creador en la Cuba revolucionaria recién descubierta, al amor y la amistad posponiendo sus proyectos personales por acudir allí donde otros hombres necesitan redención.

Fuente: Antorcha.org

viernes, 24 de enero de 2014

La participación de la mujer vietnamita en la liberación nacional y el socialismo

La mujer en la revolución



El movimiento de liberación de la mujer en Vietnam está indisolublemente ligado a las tareas generales de emancipación nacional y construcción del socialismo. El importante papel que tiene actualmente la mujer en la sociedad vietnamita, fue logrado en gran parte por la continuidad de tradiciones populares y condiciones históricas que han forjado la capacidad de lucha y participación femenina en la edificación y defensa del país.
Durante siglos, a lo largo del desarrollo y decadencia del sistema patriarcal, del feudalismo y del confucianismo, las mujeres vietnamitas habían permanecido encerradasen el ámbito doméstico-familiar, sin acceso a la educación, menospreciadas por la sociedad, mientras que su contribución a la producción agrícola y artesanal era duramente explotada y subvaluada.

Ho Chi Minh, fundador del Partido Comunista Indochino (PCI), fue el primer revolucionario que mostró a las mujeres de Vietnam una nueva alternativa para su liberación. El rehabilitar a la mujer en su papel histórico y despertar su toma de conciencia y militancia constituyó así una de las misiones básicas de los marxistas vietnamitas. El programa político del PCI, dado a conocer en 1930, incorporó la igualdad entre el hombre y la mujer como uno de sus 10 puntos principales. Este documento registra, por primera vez en la historia de la lucha por la independencia de Vietnam, un llamado patriótico que está dirigido también a las mujeres y que aborda la cuestión de la igualdad de los sexos, lo cual no habían hecho los partidos nacionalistas de la pequeña burguesía durante la época colonial.

La revolución democrática y nacional que proponía el PCI alcanzaba a todas las capas de la población, ya que los objetivos de su lucha eran comunes a todo el pueblo: derrocar el colonialismo, acabar con el feudalismo, reconquistar la independencia y abolir las desigualdades sociales. El programa del PCI analizó también las condiciones de vida de las trabajadoras, obreras y campesinas y destacó su rico potencial revolucionario, el cual calificaba como una de las fuerzas esenciales del movimiento de emancipación nacional. Así pues, una de las principales tareas de la revolución nacional vietnamita fue la de despertar la conciencia política de las mujeres y fomentar su participación activa. Esta era una concepción nueva para la época, ya que la mayoría de los militantes estaban todavía fuertemente influidos por el feudalismo y no aceptaban con facilidad el nuevo rol asignado a las mujeres.
Además, muchos prejuicios contra las mujeres se basaban en el hecho real de su falta de preparación, ya que la mayoría no había recibido instrucción y la casi totalidad de las campesinas eran analfabetas. Por ello, fue más accesible la asimilación de las mujeres de las clases privilegiadas que habían tenido acceso a la educación y aprendían más rápidamente que las campesinas, las nuevas ideas de cambio. Al principio, fueron, por lo tanto, pocas las mujeres obreras y campesinas que se integraron al movimiento revolucionario. Pero el PCI insistió en el carácter de masas que debía tener la revolución democrática-nacional y buscó el apoyo de todos los trabajadores, dado que la lucha de emancipación nacional incumbía a todo el pueblo, sin distinción de sexos. El PCI advirtió asimismo, cómo el objetivo de la movilización femenina dentro de burgués, pues quería aliviar no sólo su opresión más
inmediata, sino darle una educación política seria que despertara su conciencia de clase y la hiciera adherirse a las organizaciones de la clase obrera. En todos los organismos dirigentes del Partido, a la escala central y regional, se creó una comisión femenina encargada del trabajo político entre las mujeres y de su incorporación a las asociaciones campesinas y los sindicatos.
Se debía luchar entonces por reivindicaciones femeninas concretas, tales como la prohibición de emplear mujeres en las jornadas nocturnas o los trabajos peligrosos, salario igual al del hombre, prestaciones de maternidad, etc. Para reunir a todas estas mujeres, desde la fundación del PCI, se creó también la Asociación de Mujeres por la Emancipación, llamada más tarde Asociación de Mujeres Anticolonialistas, la cual se dedicó al trabajo de propaganda y participó activamente en las revueltas obreras y campesinas de 1930-1931. Ante la represión francesa, el PCI subrayó nuevamente el carácter proletario que debía tener la organización femenina. Durante esta década, la Asociación de Mujeres Anticolonialistas participó en las actividades clandestinas revolucionarias y aumentó su membrecía, dirigiendo su trabajo de educación política principalmente a las mujeres trabajadoras.

En 1935, durante un Congreso de la Internacional celebrado en Moscú, Nguyen Thi Minh Khai, una de las pioneras de la causa femenina, presentó a los delegados comunistas un reporte vivido del despertar de la mujer vietnamita:
"Por primera vez en la historia de nuestro movimiento de liberación nacional, por primera vez después de la fundación de nuestro partido comunista, una mujer, miembro del PCI, tiene el honor no solamente de participar en un Congreso, sino también de anunciar, desde esta tribuna, a los obreros del mundo entero que las obreras y campesinas de los países del Extremo Oriente,de los países coloniales y semicoloniales, de mujeres mil veces más oprimidas que nuestras camaradas occidentales, han tomado el camino de la lucha revolucionaria... Las obreras y campesinas de Indochina se han convertido en una fuerza real dentro de los rangos revolucionarios... Durante cientos de años, la moral y las costumbres feudales transformaron a las mujeres del Extremo Oriente en esclavas silenciosas y dóciles de sus padres y esposos. Esta moral ha paralizado su voluntad, comprimido su alma. ¡Camaradas!, al tomar la vía revolucionaria nos deshacemos de esta moral. Junto con los obreros y campesinos de nuestro país, luchamos por obtener un salario igual al del hombre por un trabajo igual, luchamos contra los colonialistas que nos oprimen por la independencia total de nuestro país..."

Este reporte de Minh Khai refleja una nueva situación surgida en Vietnam a raíz de que el PCI tomó la dirección de la lucha por la liberación nacional, incorporando plenamente en ella a la mujer. Las primeras militantes de este movimiento tuvieron el mérito de estimular con sus acciones heroicas la participación de otras mujeres. Durante los años de operaciones clandestinas, algunas vietnamitas destacaron por su eficiente colaboración como agentes de enlace, por la protección y ayuda que brindaron a los guerrilleros, a pesar de los enormes riesgos que corrían debido a la represión colonialista y a la incomprensión de sus familias ante la militancia política. Una de las medidas básicas que tuvo que adoptarse, por ejemplo, para que las mujeres casadas pudieran incorporarse a la lucha, fue la organización de grupos de simpatizantes que se encargaban de cuidar a sus hijos mientras las madres salían en misión y se dedicaban plenamente a la causa revolucionaria, organizando mítines y huelgas.

La revolución pudo, pues, recoger las tradiciones de patriotismo y lucha de la mujer vietnamita, dándole ahora una ideología nueva que apoyaba su plena integración a la sociedad y garantizaba su igualdad con los hombres. Algunas mujeres, después de varios años de militancia en el PCI, se convirtieron en cuadros dirigentes, miembros de los comités de organización en la provincia, y en guerrilleras o agentes de enlace que ayudaron a la creación de bases revolucionarias. E n esta época surgieron las historias de la primera serie de heroínas vietnamitas contemporáneas, como Minh Khai, Nong Thi Trung y Nguyen Thi Hung, a las cuales habría de añadirse más tarde las de las heroínas de la guerra contra la reocupación francesa y contra los norteamericanos.
La invasión japonesa aportó las premisas favorables para una insurrección nacional, la cual abriría una nueva etapa en la historia de Vietnam, etapa que tendrá como una de sus características principales, la rehabilitación de la mujer y su participación masiva en la sociedad.
En febrero de 1941, poco después de la invasión japonesa, Ho Chi Minh creó una amplia alianza
nacionalista conocida como el Vietminh, y entonces la organización femenina adoptó el nombre de Asociación de Mujeres por la Liberación Nacional para identificarse con la nueva situación.
En 1943, durante la reunión del Comité Central del PCI para preparar la insurrección, se destacó otra vez la indispensabilidad de la participación de las mujeres en el movimiento y se pidió alentar el incremento de su menbrecía en la Asociación de Mujeres, sobre todo entre las mujeres obreras y citadinas, y ayudar a su politización a través de la organización de cooperativas de consumo, clases de alfabetización, etc.

La contribución de la mujer al triunfo de la "Revolución de Agosto" de 1945 fue pues decisiva. Entre finalesde 1944 y principios de 1945, una terrible hambruna mató alrededor de dos millones de personas en el norte de Vietnam, llegando a su máximo la pauperización del campesinado vietnamita. E l 9 de marzo de 1945, los japoneses desconocieron el poder colonial francés en Vietnam, desatándose entonces el movimiento de insurrección general, en el que la mujer participara activamente.

El 17 de agosto de 1945, el primer comunicado que el Vietminh dirigió al pueblo de Hanoi, fue leído por una
mujer, Nguyen Hoa Dieu Hong, afirmando el nuevo carácter de la revolución liberadora. E l2 de septiembre, Ho Chi Minh declaró la independencia de su país y se comenzaron a sentar las bases del régimen revolucionario.En 1946 se promulgó la Constitución de la República Democrática de Vietnam (RDV). Esta Constitución precisó los derechos de la mujer:
"La mujer en la RDV es igual al hombre en derechos, desde los puntos de vista, político, económico, cultural, social y familiar. Por un trabajo igual, la mujer tiene derecho a un salario igual al del hombre. El Estado garantiza a las mujeres obreras y funcionarías el descanso pagado por maternidad antes y después del parto, protege los derechos de la madre y el niño y protege el matrimonio y la familia".

Se reconoció además el derecho de la mujer al voto y a ser electa para puestos populares, permitiendo la participación de las vietnamitas en las elecciones nacionales de 1946.
Así, después de 15 años de lucha, la liberación nacional otorgaba a las mujeres de Vietnam el disfrute legal de sus derechos, aunque la herencia del antiguo orden pesaba mucho todavía sobre el comportamiento de la población.
Una de las acciones prioritarias de la naciente república democrática fue la formación de cuadros femeninos y la elevación de la educación política de las mujeres, al igual que la introducción de medidas tendientes a mejorar su nivel de vida. En el campo, las primeras distribuciones de tierra beneficiaron a todos los campesinos, sin distinción de sexo, contrastando fuertemente con la situación anterior en que la mujer no tenía derecho a ser propietaria. Las campañas de alfabetización y lucha contra la hambruna contaron además con la participación mayoritaria de las mujeres, ya que éstas eran las más afectadas y necesitadas.
Pero muy pronto la RDV tuvo que afrontar la amenaza de la reimplantación colonialista. La resistencia contra la agresión francesa comenzó a finales de 1945, prolongando la guerra patriótica que no terminará hasta 1954. Por lo tanto, a pesar de que todavía no se había logrado plenamente erradicar los remanentes del régimen feudal y confuciano, las contradicciones internas de Vietnam tendrán que pasar a un segundo plano de importancia ante los peligros que enfrentaba la independencia nacional.
Nuevamente, las mujeres serán una fuerza decisiva en esta guerra popular. Mientras los hombres partían masivamente al frente de batalla, las vietnamitas los remplazaron en sus labores, formando una retaguardia que probará ser indispensable para el éxito de la resistencia. Las mujeres tuvieron además que hacerse cargo enteramente de las familias, rompiendo, sin embargo, los límites de lo doméstico al verse obligadas a asumir todo tipo de actitudes productivas fuera del hogar, favoreciendo así el desarrollo de su personalidad y capacidad.


En esta época, la Unión de Mujeres Vietnamitas que fuera creada en 1946, reafirmó la necesidad de contar
con la colaboración de la mujer, principalmente en las tareas de producción y abastecimiento del ejército. Al mismo tiempo, se continuó con la labor de educación femenina, la cual alcanzó grandes éxitos en poco tiempo, incrementando el nivel de instrucción y de conscientización política de las mujeres. La guerra patriótica movilizó también a la mujer en la lucha armada, especialmente como defensoras de las aldeas, guardianas de las cosechas y de las vías de comunicación, opositoras de las campañas de levantamiento de las cosechas por parte de los soldados enemigos, etc., aunque también muchas mujeres se incorporaron directamente a la guerra de guerrillas, asegurando el enlace entre los diferentes puestos, escondiendo y alimentando a los guerrilleros y llevando a cabo muchas otras actividades de apoyo para la lucha. Surgieron en este periodo muchas historias de heroínas vietnamitas, cuyo valiente comportamiento y capacidad de sacrificio por la salvación de la patria, ha sido exaltado como valioso ejemplo a seguir por toda la población.

Cabe destacar aquí la participación de las mujeres viejas, de las famosas abuelas vietnamitas, que han prestado una considerable ayuda a las varias guerras de salvación nacional que ha tenido que enfrentar Vietnam. Muchas abuelitas se convirtieron en las "madrinas" de los jóvenes soldados combatientes, protegiéndolos en sus casas, curando sus heridas y proporcionándoles en general una atmósfera de familiaridad que seguramente constituyó un elemento importante de la capacidad de resistencia
del Vietminh. La ayuda de la mujer permitió pues el desarrollo de una verdadera guerra popular, de una "guerra del pueblo", ya que los combatientes del ejército popular, en su mayoría campesinos, encontraban en el pueblo mismo su mejor respaldo. Una gran parte de las familias vietnamitas tenían al menos a uno de sus miembros, involucrado directamente en la defensa, y por ello colaboraban de múltiples maneras a hacer más fácil la vida de los soldados. La contribución de la mujer a la resistencia patriótica elevó su posición social y afirmó la igualdad entre los sexos, conquistada en la revolución. La importancia de la lucha contra la agresión francesa puso al orden del día los problemas concernientes a las mujeres, y el gobierno se esforzará así por llevar a cabo una serie de medidas tendientes a ayudar a la mujer a alcanzar el nivel de las exigencias del momento.
Uno de los primeros obstáculos que encontraban las mujeres cuadros, seguía siendo el cuidado de sus hijos.
Por ello, la Unión de Mujeres comenzó a organizar guarderías para los hijos de estas mujeres. Además, la Unión logró aumentar su fuerza en 1950, al consagrarse, después, de la fusión con la Asociación de Mujeres por la Liberación Nacional, como la única organización femenina encargada de la defensa de los derechos de la mujer y de su incorporación en las agrupaciones obreras y campesinas.
Al mismo tiempo, se prosiguió la lucha contra las ideas feudales y burguesas que entorpecían la emancipación de la mujer.
 En 1952, el Día Internacional de la Mujer, Ho Chi Minh declaró así respecto a la igualdad de los sexos que:
"Mucha gente cree que la igualdad de los sexos es un problema simple. Hoy el marido prepara la comida, lava los platos, barre la casa, y mañana la mujer barrerá la casa, preparará la comida y lavará los platos. ¡Esa es la igualdad!
Grave error.
En la realidad, la igualdad es una profunda y difícil revolución porque el menosprecio de la mujer es un hábito milenario. Está profundamente enraizado en el cerebro de cada uno, en la vida familiar, en el seno de todas las capas sociales. Uno no puede combatirlo por la fuerza... La amplitud de esta revolución reside en un progreso general sobre los planos políticos, económicos, culturales y jurídicos. Esta revolución debe cumplirse en el interior de cada uno y extenderse al pueblo entero"

La reforma agraria de 1953-1956, fue un factor de primordial importancia en esta lucha contra la herencia del feudalismo, al alterar profundamente las relaciones de producción feudal. La ley de la reforma agraria consagró el derecho de la mujer a la propiedad, y fue en este periodo de gran movilización campesina cuando se formaron muchas mujeres cuadros que asumieron puestos de dirección en las aldeas, aunque en su mayoría enpapeles secundarios.
La resistencia nacional, triunfante en 1954, aceleró el proceso de emancipación de la mujer vietnamita que había iniciado la revolución de 1945. Pero a pesar de haber derrotado a los franceses, Vietnam quedó dividido y comenzó por lo tanto otra nueva lucha contra la intervención extranjera, esta vez norteamericana, y por la liberación del sur. La reunificación del país y la construcción del socialismo se convirtieron, entonces, en las principales tareas de los revolucionarios vietnamitas de esta época, que duraría hasta los años 1973-1975.
Con la división de Vietnam, muchas familias tuvieron que separarse al decretarse la reagrupación de las fuerzas del Vietminh en el norte, mientras que en el sur la administración de Ngo Dinh Diem desató la represión contra todos los grupos nacionalistas y simpatizantes de las fuerzas revolucionarias, afectando todo ello profundamente la vida del pueblo vietnamita en general.
En el sur, la población perdió los logros conquistados en la revolución, acentuando el rechazo popular frente al nuevo régimen. Asimismo, la presión psicológica para que las mujeres renegaran de sus maridos y sus familiares combatientes conducirá a muchas mujeres sureñas a unirse a la lucha revolucionaria y a participar activamente en la defensa del país, creándose los primeros grupos de guerrilleras. Las abuelas que no podían tomar las armas estimularon por lo general, a sus hijos y nietos a unirse a la lucha y participaron, tal y como lo hicieran en el norte, en numerosas actividades de refuerzo. Se creó de esta manera, en el sur, el famoso "ejército de los cabellos largos", que a través de los ocho años de guerra llegará a contar con cerca de 2 millones de combatientes, dando un ejemplo pocas veces visto en el mundo, de participación masiva femenina en las guerras de liberación. Este ejército gozó ampliamente de la ayuda del pueblo para cuidar a sus hijos, asegurarles alimento y proporcionarles refugio.
La política de destrucción sistemática del campo y de creación de "aldeas estratégicas" para alejar al pueblo de los revolucionarios, también afectó severamente al campesinado sudvietnamita. Cerca de 10 millones de campesinos fueron desalojados de sus aldeas. Solas, las mujeres tuvieron que hacer frente a la situación y defender sus tierras y a sus hijos, oponiéndose de diversas maneras a la represión gubernamental, organizando frecuentes manifestaciones de protesta contra los abusos del gobierno y del ejército y desarrollando una intensa actividad política.


En 1965, ante el avance continuo de los guerrilleros que fueran conocidos como "Vietcong", Washington
declaró la guerra local e inició la escalada del conflicto, desembarcando medio millón de soldados en Vietnam del Sur y expandiendo sus operaciones a los vecinos países de Laos y Cambodia. Comenzó entonces el enfrentamiento directo del pueblo sureño con el ejército invasor. De nueva cuenta, la historia ha recogido las hazañas de cientos de humildes heroínas que lucharon en condiciones sumamente difíciles contra los bombardeos norteamericanos, el envenenamiento de sus tierras, la desintegración de las familias, aportando además su valiosa contribución a la lucha armada y llevando a cabo una importante labor de propaganda política a favor de la liberación nacional. Ut Tích, la heroína más famosa del Vietcong simboliza a esta generación de mujeres que constituyeron uno de los pilares de la lucha de liberación.
Más aún, la presencia de las tropas norteamericanas en Vietnam significó una agresión especial contra las mujeres, las cuales fueron obligadas en grandes números a dedicarse a la prostitución y a la servidumbre, para satisfacer las necesidades de los soldados yanquis, ante el beneplácito de las autoridades deSaigón. Paralelamente, las mujeres sureñas fueron sujetas a una política sistemática de estupro por parte de las tropas estadounidenses, las cuales desfogaban su miedo y coraje ante el "enemigo invisible" matando y violando a las vietnamitas de las aldeas que iban arrasando. Para protegerse, las mujeres formaron diversas asociaciones para salvaguardar su dignidad y su derecho a la vida, enmarcadas dentro de la Unión de Mujeres para la Liberación de Vietnam del Sur, creada en 1961, la cual incorporó entre sus miembros tanto a las mujeres de la ciudad como del campo, que luchaban contra la intervención norteamericana en su
país y contra la destrucción de su cultura nacional.

La mujer en la edificación del socialismo

Después de la victoria contra los franceses, la revolución nacional y democrática se dio por cumplida en la RDV , y el país entró entonces en una nueva etapa histórica: la transición gradual al socialismo.
La edificación del socialismo abrió para la mujer vietnamita la posibilidad de ejercer plenamente su derecho al trabajo, base capital de su dignidad social. Mediante su participación en el trabajo colectivo, la mujer podrá ganar su independencia económica, garantizando su emancipación del encierro doméstico y su auténtica igualdad con el hombre en todas las esferas de la vida social.
Una vez finalizada la guerra.entre 1955 y 1960, pudieron sentarse las bases de la socialización de la economía de Vietnam del Norte, principalmente mediante la transformación radical de la pequeña producción individual en una producción de tipo colectivista de mayor envergadura, y de la creación de cooperativas en todas las ramas de la actividad económica.
A través de su incorporación a las cooperativas agrícolas, las campesinas vietnamitas, que constituyen el 90% de la fuerza de trabajo rural, lograrán su emancipación económica y adquirirán crecientes responsabilidades, mejorando enormemente su status dentro de la familia y de la sociedad. La obrera, por su organización sindical, adquirirá también una nueva presencia dentro de la clase proletaria, esforzándose por elevar su capacidad profesional y técnica y participando en las actividades políticas y sociales de la comunidad.
Pero la liberación-de la mujer vietnamita seguía enfrentando los obstáculos que permanecen en un país básicamente agrícola y atrasado, emergente apenas del régimen semifeudal y colonial. Había que hacer efectivo el derecho de la mujer al trabajo, sacándola de su ignorancia tradicional y educándola para sus nuevas tareas económicas, políticas y sociales.
En 1959, un congreso de la agrupación política sucesora del PCI, el Partido de los Trabajadores de Vietnam (PTV), acerca del trabajo político entre las mujeres, declaró que el problema de la liberación femenina tenía que examinarse desde la perspectiva de la clase proletaria. La mujer formaba la parte más explotada de la clase trabajadora, y por ello, ella era la primera a la que se tenía que liberarla emancipación de la mujer debía pues iniciarse dentro de la clase proletaria, ya que la igualdad de los sexos no se logrark realmente, sino hasta que la mujer misma tomara conciencia de su nuevo papel dentro de la administración del país y de la producción económica. La revolución ideológica fue así de primera importancia
entre las mujeres para ayudarlas a adoptar una posición de clase concretaba participar en la vida colectiva y a liberarse de las viejas ideas confucianas, abarcando por ello la propaganda política principalmente a las mujeres obreras y campesinas.
Los decretos y las leyes debían por su parte sentar las bases y las condiciones para la aplicabilidad del principio de la igualdad sexual. A finales de 1959, el Comité Central del PTV convocó a un congreso para estudiar la ley sobre el matrimonio y la familia, pieza central de esta nueva legislación socialista. 
El Presidente Ho Chi Minh se dirigió a los congresistas con estas palabras:
"La ley sobre el Matrimonio y la familia que vamos a presentar ante la Asamblea General es una revolución, una parte integrante de la revolución socialista. Es por ello que debe ser examinada desde el punto de vista de la clase proletaria. Con el punto de vista feudal, o burgués o pequeño burgués, uno no podría comprender esta ley. Esta ley busca la emancipación de la mujer, es decir, la emancipación de la mitad de la sociedad. Es necesario liberar a las mujeres, pero hace falta también destruir las ideologías feudales y burguesas dentro del hombre.
Respecto a las mujeres mismas, ellas no deben esperar pasivamente los decretos del Gobierno o del Partido. Ellas deben luchar.
De la elaboración a la promulgación y aplicación de esta Ley, dentro de la campaña, el Partido debe asegurar su dirección, puesto que es una revolución. La dirección del Partido se manifiesta en el ejemplo de los cuadros y de los miembros del Partido, y en la resolución de aplicarla en organizaciones como las de la
Juventud, la Unión de Mujeres...".

La Ley sobre el Matrimonio y la Familia fue promulgada a principios de 1960. Está basada en cuatro principios: la libre elección de la pareja; el matrimonio monogámico; la igualdad de los sexos y la protección de los derechos de la mujer y el niño.
El régimen de la familia patriarcal, consagrado por el Código de Hong Duc del siglo XV , había permanecido casi inalterado hasta los días de la revolución nacional. La transición a una nueva etapa histórica, al socialismo, no podía hacerse sin antes superar las limitaciones que ataban a la mitad de la población, impidiéndole su participación activa y consciente en el proceso. La ley sobre el Matrimonio y la Familia restituía pues a la mujer vietnamita, antes que nada, su derecho a la propia felicidad, permitiéndole escoger a su marido, volver a casarse en caso de viudez, asumir socialmente las responsabilidades sobre sus hijos; practicar la igualdad de derechos entre los esposos, elegir una profesión y trabajar para ganarse independientemente la vida.
Además, saliéndose de la tradición de otros partidos comunistas, la ley consideraba que el trabajo doméstico tenía un valor como labor socialista. Así, reconocía que el trabajo doméstico de la esposa tenía una importancia igual al trabajo del marido, y por lo tanto debía ser contabilizado como equivalente al trabajo de producción. La ley protegía también a los hijos ilegítimos que anteriormente eran rechazados por la sociedad, y permitía el divorcio y el aborto.
La juventud y gran parte de la población acogieron gustosamente esta ley, pero su aplicación real encontró
numerosas dificultades, sobre todo en el campo, donde todavía permanecían vigentes las viejas costumbres feudales, mostrando claramente el peso que la herencia del pasado tiene sobre los procesos de transición al socialismo en países con una larga historia milenaria, como Vietnam y China. Muchas esposas seguían siendo maltratadas sin atreverse a presentir una queja; los campesinos seguían forzando a sus hijas a contraer matrimonios precoces arreglados, y en general ,el hombre confuciano aceptaba de mala gana la pérdida de su supremacía familiar y la igualdad con su mujer.

La Unión de Mujeres tuvo que llevar a cabo una enorme labor de propaganda para explicar los cambios y los nuevos valores y hacer efectivos los derechos de las mujeres. Nuevamente, lo más urgente era la creación de establecimientos que ayudaran a las mujeres a liberarse de las tareas domésticas, base de su opresión familiar, asegurándoles así las condiciones favorables para que se dedicaran al estudio, la formación profesional y el trabajo social productivo. La economía nacional, recién salida de dos guerras, no podía satisfacer todas las necesidades del pueblo. Por ello, se estimuló la creación por parte de las comunidades de guarderías, comedores populares, clases para los niños pequeños, etc., lo cual representó un verdadero acontecimiento en la vida de los campesinos vietnamitas que se iniciaban en la campaña de colectivización.

Para finales de la década 1960, el analfabetismo había sido prácticamente eliminado en Vietnam del Norte, y
muchas mujeres empezaron a tomar cursos complementarios de educación primaria y secundaria, otorgados en un primer momento por las colegialas de las ciudades que cumplían, de esta manera, con los nuevos programas de la educación socialista que combina el estudio con el trabajo.
La mujer vietnamita logró pues afirmar su nueva personalidad fundamentalmente a través del trabajo y la
capacitación, contribuyendo en forma eficaz a la transformación económica de su país. Las campesinas, que constituyen entre el 60 y el 90% de la fuerza de trabajo agrícola según las provincias, y la parte mayoritaria de la masa femenina, fueron por lo tanto un factor determinante en la adopción del socialismo en el campo vietnamita.
El número de obreras, de empleadas calificadas, de mujeres funcionarías en las fábricas y los organismos del
Estado se acrecentó también rápidamente. En 1960, formaban el 20% del total. Las mujeres comenzaron asimismo a formar una parte importante de la población estudiantil, aún en los niveles superiores, Reforzando los cuadros científicos y técnicos necesarios para la construcción del socialismo E l auge del movimiento femenino y de la transformación económica, hicieron resurgir las capacidades de gestión y organización de la mujer así como la necesidad absoluta de contar con su colaboración en todos los aspectos de la vida nacional.
En septiembre de 1960, el PTV celebró su III Congreso Nacional. La resolución de dicho Congreso con respecto a las mujeres, estipulaba que el Partido:
"... asume una gran responsabilidad en cuanto a su a su emancipación y al florecimiento de sus capacidades en vista de la edificación de la nueva sociedad. Es importante hacerlas avanzar desde el punto de vista ideológico, elevar su nivel político y cultural, ayudarlas a aligerar un poco el fardo de las cargas familiares a fin de que ellas puedan participar en la producción y en las actividades sociales. Es importante utilizar racionalmente su fuerza de trabajo para poder así incrementar continuamente su papel dentro de la producción y dentro de la gestión del Estado. La Unión de Mujeres vietnamitas debe seguir agrupando a las
mujeres de diversas capas sociales, educándolas y estimulándolas a contribuir con su esfuerzo a la obra revolucionaria"

Ahora bien, debe señalarse que a pesar de todos los adelantos logrados en el movimiento de emancipación de la mujer, los vestigios del antiguo orden seguían entorpeciendo la incorporación plena de las vietnamitas a su sociedad. El potencial revolucionario de las mujeres no estaba todavía completamente desarrollado y continuaba imperando un menosprecio hacia la mujer que se manifestaba de muy diversas maneras; mientras que su presencia en los puestos de dirección seguía siendo poco numerosa y generalmente en posiciones secundarias, sin corresponder realmente a la importancia de la contribución femenina al trabajo productivo.

En 1961, la RDV inició la edificación de las bases técnicas y materiales del socialismo con el primer plan
estatal 1961-1965. Con este plan, se acentuó la promoción de la mujer en la producción, dándose especial atención a la formación rápida de cuadros femeninos y al mejoramiento del nivel técnico y cultural de las obreras y campesinas. Se le dio también prioridad a la mujer en las funciones que se consideraban más aptas para ellas, como la medicina, la educación, el comercio y la industria ligera, principalmente la textil.
En cada organismo, fábrica, empresa y cooperativa se creó una comisión femenina encargada de hacer respetar los derechos de la mujer, apoyada por la Unión de Mujeres.
Se amplió también la red de guarderías y casas de cuna establecidas por el Estado, y se llevaron a cabo
campañas de puericultura y planificación familiar. Por otra parte, también se puso énfasis en la participación
de la mujer en la lucha por la reunificación nacional lo cual requirió de otra labor de explicación sobre las
estrechas ligas que existían entre la defensa y construcción del socialismo en el norte y la liberación del sur. La principal contribución de la mujer a esta lucha será el aumento continuo de la producción.
El III Congreso de la Unión de Mujeres lanzó, en 1961, un llamado a las norvietnamitas, exhortándolas a ejercer su patriotismo y expandir sus capacidades latentes en la edificación del socialismo, ya que mediante su participación activa en la revolución lograrían su verdadera emancipación. Se inició entonces un movimiento de emulación para las mujeres, definido por 5 objetivos, llamados los "Cinco Buenos": buen trabajo; buen estudio; buena participación en la gestión; buena observación de las leyes y políticas del Estado; buena conducta en sociedad y en familia y buena educación para los hijos.
Este movimiento de los "Cinco Buenos" estimulaba a la mujer a cumplir plenamente su deber de ciudadana,
asumiendo en primer lugar su trabajo productivo, pero sin que esto implicara que las vietnamitas dejaran de ser "buenas" esposas y madres. Puede destacarse aquí, cómo la problemática de la mujer siempre viene aparejada a la de los niños y a la de familia en general. En este sentido, la RDV siempre ha tenido como una de sus políticas sociales básicas, la de proteger las instituciones del matrimonio y de la familia, mejorando el status de la mujer dentro de ellas. Reconoce además que la mujer tiene características especiales y enfrenta dificultades particulares, y por ello se pone gran atención a su salud y a la educación de los niños por parte del Estado.
La construcción del socialismo abrió pues un amplio campo de actividades para la mujer, permitiéndole un mayor acceso a puestos de dirección, reflejando así la nueva igualdad social dentro de la sociedad. Esto significaba para los vietnamitas una verdadera revolución que trastocaba el antiguo orden social fundado sobre la hegemonía del hombre y la inferioridad de la mujer. Pero como acabamos de señalar, el nuevo rol social de la mujer dentro de la sociedad socialista no debería entorpecer sus funciones de madre de familia, sino que se le pide a la mujer vietnamita que concilie sus nuevas tareas con sus responsabilidades dentro del hogar, sobre todo como educadora de los hijos. Y como Vietnam ha vivido durante varias décadas una situación de guerra casi permanente, han sido muchas las mujeres vietnamitas que han tenido que afrontar solas la doble responsabilidad de la producción económica para alimentar al ejército y a la población,
ocupándose además enteramente de educar a los hijos, y de mantener las tradiciones familiares.
Respecto a la familia, debe señalarse que en Vietnam, a pesar de todos los cambios socio-económicos e ideológicos introducidos por la revolución socialista, que efectivamente han conducido a transformaciones profundas de muchas estructuras antes vigentes, las instituciones sociales fundamentales han mostrado ser aquellas donde las viejas costumbres son más difíciles de modificar. Es decir, en esencia, la familia vietnamita sigue siendo muy tradicional y conservadora, obstaculizando de cierta manera el desarrollo que la mujer sí ha podido lograr en otros ámbitos, como el de la producción. La permanencia de un patrón de conducta rígido y puritano de tipo confuciano ha conducido en Vietnam a que cuestiones como el de la sexualidad no se haya resuelto todavía dentro de la nueva sociedad. En todo lo relacionado al amor, el cortejo, el
sexo, la pareja, etc., a la mujer vietnamita se le sigue exigiendo una actitud prudente abnegada sumisa y fiel.
Se le reprime el mostrar abiertamente su coquetería, sin poderse entonces maquillar ni usar ropas que se distingan de las de los demás. Se critican los noviazgos prematuros las relaciones fuera del matrimonio las madres solteras, y aunque el aborto es legal, éste prácticamente sólo es accesible sin problemas para las mujeres casadas. Dentro del hogar el padre sigue siendo la autoridad
máxima aunque debe reconocerse que los hombres vietnamitas colaboran bastante actualmente en las labores domésticas y el cuidado de los niños.

Asimismo, para la vigencia de la "gran familia" que reúne bajo el mismo techo a abuelos, padres e hijos, tanto por cuestiones de tradición como de falta de viviendas, es todavía la mujer vietnamita la que generalmente tiene que dejar a sus parientes para irse a vivir con la familia del esposo. Otro factor que seguramente ha afectado la evolución de una atmósfera familiar profundamente diferente en Vietnam del Norte, ha sido la continua separación, por largos periodos, de los esposos, de los padres y
los hijos, lo cual les ha imposibilitado adaptarse juntos a las nuevas circunstancias.
Empero, a pesar de todas las limitaciones que puedan todavía existir, el progreso de la situación de la mujer en Vietnam ha sido notorio, especialmente en el campo, donde las mujeres forman la gran mayoría del campesinado. Las campesinas se adaptaron sin grandes dificultades al modo de vida socialista gracias a la larga tradición de vida comunal existente en su país. Estas mujeres lograron incrementar poco a poco la producción y las más destacadas de entre ellas, llegaron a asumir puestos de dirección en cooperativas aldeanas, en los consejos populares; como jefas de los comités de inspección, de las brigadas de producción, como cuadros políticos, etc., ayudadas por un espíritu prevaleciente de ayuda mutua y de
responsabilidad compartida.
Las mujeres jóvenes fueron una fuerza de choque importante en la revolución científico-tecnológica iniciada en el campo de Vietnam, al ser ellas las primeras en demostrar a los campesinos viejos, hombres y mujeres,
que las jóvenes también eran capaces de manejar el arado, las máquinas para irrigar y procesar el arroz, de aprender nuevas técnicas, lo cual mucha gente ponía en duda pues la mujer vietnamita nunca antes se había avocado a estas tareas.

Pero la comuna aldeana incorporó con dificultades al principio la alteración de papeles sociales, pues aún costaba trabajo aceptar a las mujeres en los puestos de dirección. Estos cambios formaban parte de la lucha de clases en el plano ideológico, atacando directamente las viejas costumbres y creencias que habían fundamentado la sociedad confuciana. Pero el Estado y el PTV apoyaron
decididamente la revolución cultural, dando un gran respaldo a las mujeres y estimulando su superación cultural y profesional. Sin embargo, para 1965, antes de que comenzara la agresión estadounidense no había podido lograrse la capacitación planeada de un 30% de cuadros femeninos dentro del Partido, debido a que todavía eran pocas las mujeres que se atrevían a lanzarse abiertamente a una nueva vida política. Gradualmente, con la labor ejemplar y honesta de las primeras mujeres dirigentes, estas fueron aceptadas en pie de igualdad con los hombres después de haber demostrado que las mujeres podían cumplir satisfactoriamente con todas las labores que se les encomendaban
Y el miedo de los hombres de que las mujeres abandonarían sus responsabilidades familiares y sus virtudes
femeninas, fueron también paulatinamente desapareciendo al realizar la mujer con eficacia sus nuevas funciones, pero manteniendo su papel central en la familia, así como sus valores tradicionales de fidelidad, amor patrio y sacrificio por el bienestar familiar. La revolución ideológica promovió además activamente las nuevas concepciones respecto a la familia, basadas en la unión libre de las parejas, la igualdad, el afecto mutuo y la responsabilidad compartida entre los cónyuges. Pero es la mujer vietnamita la que avanza en este sentido más rápidamente que el hombre, quien no quería abandonar sus ideas patriarcales.

A partir de finales de 1964, la edificación pacífica del socialismo en la RDV tuvo que hacer frente a la situación creada por los ataques norteamericanos, decretándose entonces la movilización general de la población para la defensa nacional.
Esta movilización bélica ayudará a acelerar la participación íntegra de la mujer en la sociedad. Otra vez los
hombres partirán masivamente como soldados, mientras que el PTV pedirá ahora a las mujeres apoyar a sus
hombres y llevar a cabo con entusiasmo sus dos tareas principales: la producción y la defensa.
En marzo de 1965, la Unión de Mujeres lanzó el movimiento de las "Tres Tomas de Responsabilidad", organizando la movilización de la mujer para: remplazar al hombre en la producción y los servicios; tomar la
dirección de los asuntos familiares, alentando a los hombres a unirse al ejército y para sostener y ayudar en el combate.
La guerra exigió, por otra parte, una redistribución de las fuerzas de producción y de defensa, y el desarrollo
acelerado del ejército, con las miles de brigadas de jóvenes voluntarios que incorporaron a la mayor parte de la juventud. Esto permitió a una nueva generación de mujeres entrenarse en los puestos de dirección económica y administrativa. Además, las mujeres tomaron el lugar de los hombres en todos los sectores de la producción, incluso en los considerados como duros y difíciles, tales como la construcción, el transporte, las obras de irrigación, etc., dependiendo asimismo enteramente de ellas durante los años de la guerra, la producción agrícola.
Obreras y campesinas asumieron también valientemente la defensa de sus unidades de producción, participando activamente en la lucha y manteniendo en pie la economía nacional, a pesar de las dificultades impuestas por la evacuación de cientos de centros de trabajo y estudio de las ciudades al campo. Las mujeres representaban ya entonces el 60% del personal sanitario y 52% del educativo, encargándose fundamentalmente de estos servicios en esta época. Las obreras constituían el 32 % de los cuadros calificados, contribuyendo a mantener la construcción del socialismo, sobre todo en la industria ligera.
Y se favoreció más la entrada de la mujer a todas las profesiones, incluyendo ingeniería, matemáticas, etc., antes consideradas como poco favorables para la mujer.
Así pues, las principales tareas de la retaguardia durante la guerra, como la producción, servicios, salud,
enseñanza, etc., fueron mayoritariamente realizadas por las mujeres, sin dejar por ello de contribuir a la defensa armada, reviviendo una vez más las tradiciones de heroísmo y resistencia de las mujeres combatientes.
La historia de Vietnam nunca había visto surgir tantas heroínas como en esta lucha contra los norteamericanos, en la que las mujeres del norte y del sur tuvieron que hacer frente a un enemigo sumamente poderoso.
Le Duan, Secretario General del PTV declaró así en 1971 que:
"Las mujeres vietnamitas asumen no solamente sus tareas familiares sino que ellas participan asimismo en la lucha por la salvación nacional ... En Vietnam, no están solamente los hombres para defender a la Patria: las mujeres también toman parte en esta lucha. Por ello, decir que la mujer vietnamita juega el papel de pilar de la nación, es una apreciación justa a todo lo largo de nuestra historia, desde los primeros tiempos hasta nuestros días"

El movimiento de las "Tres Tomas de Responsabilidad" mejoró pues la educación política de la mujer así como su entrenamiento para llevar a la práctica correctamente su nueva función de productora, abarcando a todas las mujeres y ayudándolas a deshacerse de los resabios del confucianismo, ya que la guerra hizo resaltar aún más la necesidad vital de contar con ia participación de las mujeres en la defensa de la construcción de la nación.
La mujer había relevado al hombre en todos los campos: agrícola, industrial, científico, técnico y administrativo, no sin encontrar problemas derivados de su educación todavía insuficiente. Pero el movimiento de las tres responsabilidades creó escuelas para acelerar el entrenamiento de cuadros femeninos en todas las áreas. Asimismo, las mujeres lograron cumplir exitosamente todas las nuevas tareas, no obstante la dificultad que implicaba el tener que enfrentar solas las labores de producción y del hogar, sin poder contar con la colaboración de sus maridos y otros parientes. La fuerza de trabajo femenina para
la década 1960, era ya de 5 millones, y su contribución al progreso económico respaldó el mejoramiento sensible de su posición social.
La escalada de la guerra aceleró también la creación de servicios como escuelas, guarderías y comedores populares que permitieron a la mujer liberarse de muchas tareas domésticas; y propició la extensión de los servicios médicos así como la divulgación de la planeación familiar, cuya meta actual es, que cada familia vietnamita tenga un máximo de dos niños, para que éstos puedan recibir la atención y educación más apropiada.
Sin embargo, puede decirse que las vietnamitas no son aún las verdaderas "dueñas" del país, pues a pesar del gran número de mujeres que ocupan ya puestos directivos en el sector productivo, todavía la mayoría accede únicamente a puestos de segunda importancia. La participación de la mujer es así prioritaria en aquellas actividades culturales y sociales como la salud y la educación, en la agricultura y la industria ligera, donde se considera que la mujer puede desarrollar mejor sus potencialidades. La persistencia de ideas confucianas, que todavía se niegan a aceptar la completa igualdad de la mujer, se manifiesta en su presencia mínima o nula en los altos puestos de dirección del Estado y del Partido y de la gestión estatal de la economía, al igual que en la toma de decisiones políticomilitares estratégicas. Pero esta relativa inferioridad no podrá superarse plenamente hasta que la mujer no eleve fundamentalmente su educación superior.
La victoria final de Vietnam, en 1975, se debió pues en gran parte a la invaluable cooperación aportada por sus mujeres durante los largos y difíciles años de la guerra. Sin duda alguna, las vietnamitas contemporáneas se inspiraron en la larga tradición de lucha y trabajo de sus antecesoras, quienes varias veces antes en la historia habían tenido que enfrentar a un invasor extranjero y ocuparse completamente de las labores agrícolas y domésticas, tomando además las armas para defender sus aldeas. Con la reunificación, Vietnam entra a una nueva etapa, en la que todo el país es ya socialista e independiente, abriendo mejores perspectivas para el desarrollo integral de su sociedad y su economía, lo cual seguramente estimulará en el futuro la creciente participación de la mujer en todos los aspectos de la vida nacional.



Texto de: Adriana Novelo Vignal

miércoles, 22 de enero de 2014

Lenin y la emancipación de la mujer

A lo largo de su actuación revolucionario, Lenin escribió y habló mucho en sus discursos sobre la emancipación de la mujer trabajadora, de la obrera y la campesina. Naturalmente, la causa de la emancipación de la mujer está ligada de manera indisoluble con toda la lucha por la causa obrera, con toda la lucha por el socialismo. Conocemos a Lenin como guía de las masas trabajadoras, como organizador del Partido, como organizador del Poder Soviético, lo conocemos como combatiente y como constructor. Cada obrera y cada koljosiana deben conocer toda la labor de Lenin, toda su actividad en su conjunto, y no sólo lo que Lenin dijo sobre la situación de las trabajadoras y sobre su emancipación. Pero precisamente porque existe la vinculación más íntima entre toda la lucha de la clase obrera y el mejoramiento de la situación de la mujer, Vladimir Ilich se detuvo con frecuencia en sus discursos y artículos a examinar esta última cuestión –en sus trabajos hay que más de cuarenta lugares en que emite su juicio sobre este problema-, y cada una de las opiniones guarda la más estrecha relación con lo que inquietaba y preocupaba a Vladimir Ilich en cada momento.

Desde el comienzo mismo de su actividad revolucionaria, Lenin dedicó singular atención a la situación de las obreras y de las campesinas y a la incorporación de la mujer al movimiento obrero. Como se sabe, Vladimir Ilich inició su actividad práctica de revolucionario en Piter (Petersburgo, hoy Leningrado), donde organizó un grupo de socialdemócratas que realizó una gran labor entre los obreros petersburgueses, lanzando octavillas ilegales que eran distribuidas por fábricas y talleres. Las octavillas iban dirigidas por lo general a los obreros. En aquellos tiempos las masas obreras eran todavía poco conscientes, pero la capa más atrasada de la masa obrera estaba constituida por las obreras, a las que los fabricantes pagaban el salario más mísero y cuyos derechos eran pisoteados del modo más brutal. De aquí que, por lo común, las octavillas fuesen dirigidas sólo a los obreros (son una excepción dos octavillas a las cigarreras de la fábrica Lafern). Vladimir Ilich redactó una octavilla para los obreros de la fábrica de paños de Thornton (esto fue en 1895), y aunque las obreras de Thornton figuraban entre las más atrasadas, Vladimir Ilich tituló la octavilla: A los obreros y a las obreras de la fábrica Thornton. Una pequeñes, pero muy significativa.

Encontrándose en la deportación, Vladimir Ilich mantuvo correspondencia en 1899 con la organización del Partido (el I Congreso del Partido se había celebrado en 1898) sobre los temas en torno a los cuales se proponía escribir en la prensa ilegal. Entre los temas citaba un folleto con el título La mujer y la causa obrera. En este folleto, Lenin quería describir la situación de las obreras y de las campesinas y señalar que la única salida para ellas era tomar parte en el movimiento revolucionario. Sólo la victoria de la clase obrera podía emancipar a las obreras y a las campesinas.

Al destacar en 1901 la participación de las obreras en la defensa de la fábrica de Obújov y las palabras pronunciadas ante el tribunal por la joven obrera Yákovleva, Ilich escribía: “El acuerdo de los heroicos camaradas asesinados y torturados en las cárceles decuplicará las energías de los nuevos luchadores y atraerá a miles de auxiliares que acudirán en su ayuda y que, como la joven de dieciocho años Marfa Yákovleva, dirán abiertamente: “¡Estamos con nuestros hermanos!” El Gobierno, además de las medidas represivas de carácter policiaco y militar contra los manifestantes, tiene el propósito de juzgarlos como insurrectos; a esto responderemos uniendo todas las fuerzas revolucionarias, atrayendo a nuestro lado a todos los oprimidos por la arbitrariedad zarista y preparando de manera sistemática la insurrección de todo el pueblo
Vladimir Ilich estudió atentamente la vida y el trabajo de las obreras, las campesinas y las gustares.

Estando recluido en la cárcel, a base de los informes y los datos estadísticos oficiales, estudió la situación de los campesinos, la influencia que ejercían sobre ellos los edificios artesanos, el proceso de incorporación de los campesinos a la industria fabril y el influjo de la fábrica sobre su nivel cultural y su género de vida. Y al mismo tiempo analizó todas estas cuestiones en lo que se refería al trabajo de la mujer. Indicaba cómo la psicología del campesinado derivada del espíritu de propiedad privada hacia que la mujer ejecutase multitud de labores innecesarias y absurdas (cada campesina de una gran familia patriarcal tenía que fregar tan sólo la parte que le correspondía en la mesa común, preparar aparte la comida para su hijo de corta edad y ordeñar aparte para él la leche).

En su libro El desarrollo del capitalismo en Rusia, Lenin describe cómo explotaban los ganaderos el trabajo de la campesina, describe cómo explotaban las mayoristas el trabajo de las artesanas encajeras, describe cómo emancipaba a la mujer la gran industria, cómo bajo la influencia del trabajo en la fábrica se ampliaban los horizontes de la obrera, cómo se iba transformando ésta en una persona más instruida y más independiente y cómo se iba liberando de las trabas de la familia patriarcal. A juicio de Lenin, el desarrollo de la gran industria crearía la base para la plena emancipación de la mujer. En este sentido es característico el artículo de Vladimir Ilich Una victoria de la técnica, escrito en 1913.

Los obreros deben luchar en los países burgueses para conseguir que la mujer tenga los mismos derechos que el hombre.

En el destierro, Lenin meditó el programa del Partido. Entonces el Partido carecía aún de programa. Había un esbozo de programa, redactado por el grupo Emancipación del Trabajo. Examinando este programa en el artículo Proyecto de programa de nuestro Partido, Vladimir Ilich escribía que al punto 9 de la parte práctica del programa, que exigía “la revisión de toda nuestra legislación civil y penal y la abolición de las subdivisiones de los estamentos, así como de los castigos, incompatibles con la dignidad humana”, había que añadir: “establecimiento de la plena igualdad de derechos del hombre y de la mujer” (subrayado por mí. N. K.)

Cuando en 1903 fue aprobado el programa del Partido, se incluyó el punto correspondiente.

En 1907, al informar acerca del Congreso Internacional de Stuttgart, Vladimir Ilich señalaba con
satisfacción que había sido condenada la práctica oportunista de los socialdemócratas austríacos, los cuales comenzaron la lucha en pro de la concesión del derecho al sufragio a los hombres, pero relegaron “para más tarde” la lucha por el voto femenino.

Como se sabe, el Poder Soviético ha concedido a la mujer los mismos derechos que al hombre.

En Rusia no existe el hecho vil, abominable e infame de que la mujer carezca de todos los derechos o disfrute sólo de algunos de ellos, no existe esta indignante supervivencia del régimen de servidumbre y de la Edad Media, supervivencia remozada por la egoísta burguesía… en todos los países del orbe sin excepción alguna” , decía Vladimir Ilich en el cuarto aniversario de la Revolución de Octubre.

Al examinar en 1913 las formas de la democracia burguesa y poner en evidencia la hipocresía de la burguesía, Lenin se detuvo en el problema de la prostitución, mostrando cómo, al mismo tiempo que estimula el comercio con el cuerpo de la mujer y viola en las colonias a las muchachas adolescentes indefensas, la burguesía hace ver hipócritamente que combate la prostitución.

En diciembre de 1919, Vladimir Ilich vuelve a tratar este tema, señalando cómo la Norteamérica “libre y civilizada” organiza en los países vencidos la trata de blancas para las casas de tolerancia.

En estrecha relación con este problema, Vladimir Ilich examina también el de la natalidad y recuerda con indignación las exhortaciones hechas por ciertos intelectuales a los obreros en el sentido de que renuncien a tener hijos, supuestamente condenados a la miseria y a toda clase de calamidades. Este es un punto de vista pequeño burgués, los obreros miran las cosas de otro modo. Los hijos son nuestro futuro. Y en cuanto a la miseria y demás, es cosa reparable. Luchamos contra el capitalismo: obtenida la victoria, crearemos un porvenir luminoso para nuestros hijos

Y por último, cuando en 1916-1917, previniendo la proximidad de la Revolución Socialista y reflexionando acerca de lo que había de ser en esencia la edificación del socialismo y de cómo se debería atraer a las masas a esta edificación, dedica especial atención a la tarea de incorporar a la mujer trabajadora a la labor social, Vladimir Ilich escribe sobre la necesidad de hacer participar a todas las mujeres en las actividades puestas al servicio de la sociedad. Trata de ello en ocho artículos escritos en aquella misma época. Esta cuestión va inseparablemente unida en estos artículos a la que se refiere a la necesidad de organizar de una manera nueva bajo el socialismo toda la vida social. Íntimamente vinculada con esto, Vladimir Ilich plantea la cuestión de promover a las capas femeninas más atrasadas a la administración del Estado, la necesidad de reeducar a las masas en el proceso mismo del trabajo social.

El trabajo social es una escuela de gobierno. “Nosotros no somos utopistas –escribía Lenin en vísperas de la Revolución de Octubre-. Sabemos que cualquier peón y cualquier cocinera no son capaces ahora mismo de ponerse a dirigir el Estado. En eso estamos de acuerdo con los demócratas constitucionalistas, con Breshkóvskaia y con Tsereteli. Pero nos diferenciamos de estos ciudadanos por el hecho de que exigimos que se rompa inmediatamente con el prejuicio de que administrar el Estado, llevar a cabo el trabajo cotidiano de administración, es cosa que sólo pueden hacer los ricos o funcionarios procedentes de familias ricas. Nosotros exigimos que el aprendizaje de la administración del Estado corra a cargo de obreros y soldados conscientes, y que se acometa sin demora, es decir, que se empiece inmediatamente a hacer participar en este aprendizaje a todos los trabajadores, a toda la población pobre."

Sabemos que el Poder Soviético ha hecho todo lo posible para atraer a la administración pública a las campesinas, las koljosianas y las obreras. Conocemos las grandes realizaciones con que contamos en este frente.

Cuando tocó a su fin la guerra civil y se plantearon en primer plano las cuestiones de la construcción pacífica, tanto en las cartas al camarada Stalin como en el saludo a la Conferencia de Secciones femeninas provinciales –durante todo el año 1920- Vladimir Ilich escribía que las mujeres habían de desempeñar un papel de primer orden en la edificación pacífica y que era preciso atraer a todas las mujeres a la labor de la Inspección Obrera y Campesina, el trabajo de control.

Vladimir Ilich saluda calurosamente el despertar de la mujer en el Oriente. Lenin atribuía especial significado al progreso de las nacionalidades aplastadas por el zarismo y el capitalismo. Y se comprende por qué fue tan ferviente su saludo a la Conferencia de representantes de las Secciones femeninas de los pueblos de Oriente, organizadas en las regiones y repúblicas soviéticas.

Al hablar de los resultados del II Congreso de la Internacional Comunista, Lenin señala que “el Congreso ha fortalecido la ligazón con el movimiento comunista femenino, gracias a la Conferencia Internacional de obreras, convocada simultáneamente

En octubre de 1932 conmemoramos el XV aniversario del Poder Soviético e hicimos el balance de nuestras realizaciones en todos los frentes, incluidos el de la emancipación de la mujer.

Las mujeres –nosotros lo sabemos- tomaron la parte más activa en la guerra civil, muchas de ellas sucumbieron en los combates, otras muchas se templaron en estos combates. Por la activa participación en la lucha por los Soviets en los frentes de la guerra civil, buen número de mujeres han sido condecoradas con la Orden de la Bandera Roja. No pocas ex guerrilleras ocupan hoy puestos prominentes. Las mujeres se han esforzado mucho para emprender a cumplir la labor social.

Una escuela de trabajo social son las asambleas de delegadas. En quince años, cerca de diez millones de mujeres han tomado parte en las actividades de estas asambleas.

Al conmemorarse el XV aniversario de la Revolución de Octubre, del 20 al 25% de los componentes de los Soviets rurales, comités ejecutivos de distrito y Soviets urbanos eran mujeres; 186 mujeres eran miembros del Comité Ejecutivo Central de la R.S.F.S.R. y del Comité Ejecutivo Central de la U.R.S.S. Esa labor las hace desarrollarse en gran manera.

Crece también el número de mujeres comunistas: en 1922 –en vida de Lenin- solo había 40,000 mujeres comunistas y en octubre de 1932 ya sumaban más de medio millón.

En los últimos años hemos dado un paso singularmente grande en el cumplimiento del legado de Lenin sobre la plena emancipación de la mujer.

Asistimos en estos últimos años a un enorme desarrollo de la gran industria, a su reestructuración sobre la base de la técnica moderna y de la organización científica del trabajo. La emulación socialista y el trabajo de choque, que han alcanzado extraordinaria amplitud, dan origen a una actitud nueva, comunista, ante el trabajo. Y es preciso decir que las obreras manifiestan en este sentido no menos entusiasmo que los hombres. Aparecen cada día nuevas trabajadoras de choque, mujeres de inmensa firmeza y tenacidad en el trabajo. La mujer está acostumbrada a trabajar: en la vieja sociedad, la mujer trabajaba incesantemente, sin descanso, pero su trabajo era mirado con desprecio y llevaba impreso el sello de la esclavitud; ahora el temple y la tenacidad en el trabajo elevan a la mujer a las primeras filas de los constructores del socialismo, a las filas de los héroes del trabajo.

Para la emancipación de la mujer ha tenido singular importancia la colectivización de la agricultura. Desde el comienzo mismo de su actividad, Lenin veía en la colectivización la vía de la reestructuración de la agricultura sobre bases socialistas. Ya en 1984, en el libro ¿Quiénes son los “amigos del pueblo”? Lenin cita las palabras de Marx acerca de que después de la “expropiación de los expropiadores”, es decir, cuando se haya arrebatado la tierra a los terratenientes y las fábricas a los capitalistas, llegará la hora de la cooperación (agrupación. –N. K.) de los trabajadores libres, la hora de su posesión comunal (“colectiva”, aclara Lenin) de la tierra y de los medios de producción por ellos producidos.

Después de la Revolución de Octubre, que dio comienzo a la total “expropiación de los expropiadores”, el Poder Soviético planteó el problema de organizar arteles y comunas agrícolas. A esto se dedicó particular atención en los años 1918 y 1919, pero, como lo había previsto Lenin, hicieron falta años y años para que la colectivización fuese un fenómeno de masas y echase hondas raíces. Los años de la guerra civil, cuando la lucha de clases abarcó al campo, el desarrollo del Poder Soviético en las aldeas, los años de ayuda del Poder Soviético al campo y la ayuda cultura a las zonas rurales, todo ello hizo posible la colectivización, que crece y se vigoriza en la lucha contra los Kulaks.
La economía agrícola pequeña y media mantenía a la mujer campesina en terrible sujeción. La ataba fuertemente a la hacienda individual, estrechaba sus horizontes, la convertía en esclava del marido, que la tundía a golpes. La pequeña economía campesina creaba la base para la religión: “Cada uno por sí y Dios por todos”. Lenin recordó repetidas veces este lema, que caracteriza a la perfección la sicología del pequeño propietario. La colectivización hace que el campesino se convierta de pequeño propietario en colectivista, corta las raíces del aislamiento en que vivían los campesinos, corta las raíces de la religión y emancipa a la mujer. Lo que decía Lenin –que sólo el socialismo emancipa a la mujer- se está cumpliendo. Hoy veremos cómo ha cambiado la situación de la mujer en los koljoses.

El Congreso de koljosianos de choque, celebrado a mediados de febrero, ha mostrado elocuentemente los progresos del cultivo de la tierra. Ahora no contamos con 6,000 koljoses, sino con 200,000. En el Congreso se trató de cómo mejor organizar todo el trabajo en los koljoses. Gran número de koljosianas tomó parte en el Congreso. El discurso de la koljosiana Sópina, de la Zorra de Tierras Negras del Centro, fue muy brillante y levantó una tempestad de aplausos de todo el Congreso. Participando en la construcción de los koljoses, las campesinas crecen, aprenden a administrar, a luchar con todas sus fuerzas contra los kulaks, contra el enemigo de clase…

Decae la religión. Ahora la koljosiana, cuando llega a la biblioteca, dice: “¨¿Por qué me das un libro en el que sólo se dice que no hay Dios? Eso ya lo se yo. Dame un libro en el que se diga cómo y por qué nació la religión y cómo y por qué ha de desaparecer”. En los últimos años vemos un crecimiento colosal del grado de conciencia de las masas. Las secciones políticas adjuntas a las estaciones de máquinas y tractores(de dichas secciones forman parte las organizaciones del trabajo entre las mujeres) no sólo contribuían a fortalecer los koljoses en el sentido económico, sino que ayudarán a las amplias masas de koljosianos y koljosianas a desprenderse de los restos de las viejas concepciones, de los restos de la incultura; quedará relegado para siempre en el pasado la falta de derechos a que vivía condenada la mujer.

Han pasado diez años desde la muerte de Lenin. En este luctuoso aniversario comprobaremos en todos los aspectos cómo hemos cumplido los legados de Lenin. Haremos el balance. En lo que atañe a la emancipación de la mujer bajo la dirección del Partido, el legado de Lenin se cumple. Seguiremos adelante por este camino.

N. Krúpskaia (30/11/1933)


martes, 21 de enero de 2014

Mónica Erlt, la guerrillera alemana que ajustició a uno de los asesinos del Che

Mónika Ertl fue hija de uno de los grandes propagandistas del nazismo, Hans Ertl, conocido como el “fotógrafo de Hitler”. Tras la caida del Tercer Reich, su familia huyó a Bolivia, y allí, la joven Mónika, renegando de la ideología  familiar, militó en las filas del Ejército de Liberación Nacional, la guerrilla creada por el Che Guevara.

En 1971, años después del asesinato del Che y de la desintegración de la guerrilla boliviana, Mónika volvió a su Alemania natal. Allí, en Hamburgo, ejecutó personalmente al cónsul boliviano en aquella ciudad: era el coronel Roberto Quintanilla, uno de quienes acabaron con la vida del Che y, según se comenta, responsable de la amputación de sus manos.

A partir de entonces, los servicios secretos bolivianos comenzaron una cacería en su búsqueda por varios países del mundo, hasta que Mónika Ertl cayó muerta en una emboscada. Según algunas fuentes citadas en el libro, fue su “tío”, el nazi Klaus Barbie, conocido como “el carnicero de Lyon” y colaborador entonces del gobierno de Bolivia, el responsable de su asesinato.

Por supuesto, como toda revolucionaria, Mónika Ertl es retratada hoy, en no pocos medios, como una fanática y fría asesina. Exactamente igual que sus compañeros de filas, quienes hicieron de su vida una permanente lucha por los desposeídos y contra los poderosos: como su propio compañero de filas, Ernesto Guevara, de cuyo asesinato se han cumplido ya 46 años.



Fuente: http://www.cubainformacion.tv/

lunes, 20 de enero de 2014

III Jornadas por la Amnistía de lxs Presxs Políticxs

"HOY, COMO EN EL 36, AMNISTÍA y República Popular

El 16 de febrero se cumplen 78 años del triunfo en elecciones democráticas del Frente Popular. Este Frente político de izquierdas estaba constituido por comunistas, anarquistas, republicanos, demócratas, etc. y contaba con el siguiente programa democrático:
- Reforma agraria. Confiscación de la tierra de los grandes terratenientes.
- Libertad para las nacionalidades. Derecho a la autodeterminación de las nacionalidades oprimidas por el Estado fascista e imperialista español.
- Mejoramiento de las condiciones de trabajo de las clases populares. Salarios y jornadas de trabajos dignos.
- Libertad para los presos políticos.
Por entonces se decía aquello de “¿hay alguien que, titulándose antifascista, pueda estar en contra de este programa tan sencillo?”.
Tras su proclamación, la República Popular puso en libertad a todos los presos políticos y comenzó a dar solución a esos importantes problemas que en España llegaban con siglos de retraso. Como es lógico, no fue bien visto por los grandes oligarcas, el clero y parte del ejército que vieron peligrar su sistema de dominación y, de la mano del fascismo, se alzaron contra ella ahogándola en sangre y enterrándola bajo un millón de muertos. Por lo tanto, si hay una república que debemos conmemorar es aquella, la que surgió tras la victoria del 16 de febrero, y no la del 14 de abril. La que supuso el triunfo de las clases populares frente a la reacción.
Casi 80 años más tarde esos mismos problemas históricos siguen pendientes. Bajo el fascismo no va a haber solución al problema de la propiedad privada sobre la tierra y sobre los medios de producción, ni derecho de autodeterminación para las nacionalidades oprimidas, ni verdaderos derechos laborales ni sindicales para los trabajadores. Al contrario, todos esos problemas sin resolver solo van a traer más y más prisioneros todos los días.
En este acto que presentamos, queremos reivindicar aquella República Popular y rendir homenaje a todos aquellos revolucionarios que dieron la vida por su defensa. Pero muy especialmente, a todos los que a día de hoy siguen encerrados en las mismas mazmorras por continuar resistiendo al fascismo. Es el día para exigir la amnistía de todos los presos políticos que el estado fascista e imperialista español encierra en sus entrañas por luchar por esas mismas libertades.

¡¡AMNISTÍA TOTAL PARA LOS PRESOS POLÍTICOS!!
¡¡UNIDAD Y LUCHA ANTIFASCISTA!!
¡¡VIVA LA REPÚBLICA POPULAR!!"