lunes, 26 de mayo de 2014

Orígenes y desarrollo del Movimiento Femenino

Desde las posiciones burguesas, la cuestión femenina siempre se ha tratado de presentar como interclasista y aglutinadora de todas las mujeres en torno a unas reivindicaciones comunes; de este modo, se han querido velar las diferencias de clase, pero éstas siempre han estado presentes y, ya desde sus inicios, se puede constatar la diferencia de intereses y planteamientos, atendiendo a su distinta posición de clase. La cuestión femenina no fue planteada abiertamente y con una clarificación de objetivos hasta mediados del siglo pasado; sin embargo, tuvo sus inicios en la época de las revoluciones burguesas, particularmente en Francia, cuya economía era, por aquel entonces, fundamentalmente manufacturera.

Para el feminismo burgués, la cuestión femenina surge gracias a las ideas aportadas por algunos ilustres filósofos del siglo XVIII y por la acción de unas cuantas mujeres decididas, que sacaron a la palestra la falta de derechos de la mujer. Pero esta apreciación es completamente falsa. Esas decididas mujeres no hubieran podido plantear nunca la cuestión femenina si las mujeres del pueblo, en un número importante, no se hubieran incorporado a la producción social y si la sociedad no hubiera reconocido como necesaria su fuerza de trabajo. La Revolución Inglesa, la lucha de Norteamérica por su independencia y la Revolución Francesa demostraron que fue la incorporación de la mujer a la producción social lo que abrió el camino e hizo posible la lucha por la igualdad de derechos, y no a la inversa como se nos ha querido hacer creer.
En la Revolución Francesa, las mujeres del pueblo exigían el libre acceso a todas las profesiones y oficios. ¡Libertad de trabajo! era la consigna que las unía a sus compañeros de clase, empeñados en acabar con los cotos y barreras del régimen feudal. Estas reivindicaciones -que no eran únicamente femeninas, sino propias de los intereses del conjunto del incipiente proletariado francés- debían permitir a decenas de miles de mujeres, que padecían miseria y hambre, escapar de la pobreza y de la prostitución. La participación de las mujeres de los arrabales de París en la Revolución está reconocida por todos los historiadores, sobre todo por los más reaccionarios, quienes no dudan en presentarlas como salvajes, sanguinarias, etc. Por su parte, las feministas no conceden importancia alguna a aquella primera confrontación revolucionaria de las mujeres trabajadoras. A este respecto, Victoria Sau dice:

Las mujeres, en su mayoría, toman parte en la revolución para defender los derechos de sus maridos, de sus hijos y de sus padres y hermanos, pero tan inmersas se hallan en el contexto de su no valencia que no reclaman lo que como individuo les pertenece. ¡Tan extasiadas están en el culto a lo masculino!... Algunas mujeres de la burguesía, más cultas que las del pueblo, quienes no ven mas que por los derechos de sus hombres, fundan clubs políticos, periódicos.

Para demostrar esto, menciona únicamente a algunas destacadas mujeres burguesas -la mayoría pertenecientes a la reacción girondina- y olvida, por completo, que las mujeres trabajadoras de París participaron con las armas en la mano en la toma de La Bastilla y que, en una impresionante manifestación, encabezada por Rose Lacombe, se dirigieron a Versalles y obligaron a los reyes a regresar a París. Y olvida que, también entre las propias mujeres trabajadoras, surgieron destacadas figuras que conservan un lugar de honor en la historia. Una de ellas, fue la mencionada Rose Lacombe que, junto a la lavandera Pauline Leonie, fundaron un club de mujeres revolucionarias que, con los jacobinos, encabezaron la lucha contra la reacción girondina. Rose Lacombe incitaba a las mujeres a que no exigieran derechos especiales, sino que defendieran sus intereses en calidad de miembros de la clase obrera y, como tales, las obreras a domicilio asistían a las sesiones de la Asamblea Nacional sin dejar, por ello, de calcetar.

Mientras tanto, desde las posiciones burguesas, en la Revolución Francesa se planteaba la reivindicación de la igualdad política, lo que no era una cuestión candente, en esos momentos, para la mujer trabajadora. Así, mientras el movimiento feminista burgués se desarrolló a partir de la consigna Igualdad de derechos, la primera consigna de las obreras fue «Derecho al trabajo», ya que intuían que esta reivindicación y la supresión de las trabas feudales sentarían las bases para la futura conquista de otros derechos.

A mediados del siglo XIX, podemos decir que ya se habían configurado, en la mayoría de los países capitalistas, las organizaciones feministas; su lucha se circunscribía, fundamentalmente, a lograr la igualdad de la mujer respecto al hombre, por el derecho al voto, por el derecho a la instrucción, etc. No obstante, a pesar de lo justo de estas reivindicaciones, el hecho de que intentaran trasladar la lucha por sus derechos al terreno de la lucha entre los sexos las llevó, a menudo, a un callejón sin salida. En 1848, por ejemplo, se celebró una asamblea de mujeres burguesas en Seneca Falls (New York); a pesar de que el tono de su declaración era muy enérgico, ni una sola vez se aludía al régimen social existente y se presentaba al hombre como el tirano, el ser omnipotente y autoritario, causante de todas las injusticias y opresiones que sufren las mujeres -La historia de la humanidad es la historia de reiterados prejuicios y usurpaciones por parte del hombre en perjuicio de la mujer, decían en su declaración-. Esto nos ofrece una pequeña muestra de la errónea concepción del mundo y de la historia que, desde entonces, acompañaría a las elaboraciones teóricas de las organizaciones feministas.

Empeñadas en demostrar que la mujer era totalmente igual al hombre -partían de que el reconocimiento de los derechos de la mujer dependía de ello-, cayeron a menudo en disparatadas afirmaciones. Cuando las organizaciones feministas del siglo pasado se enteraron que, en algunos puertos había mujeres trabajando como descargadoras, se regocijaron por ello y escribieron:
Una nueva victoria a añadir en la cuenta de la lucha por la igualdad de los derechos de la mujer. Mujeres descargadoras del puerto transportan junto a sus colegas masculinos cargas que pesan hasta 200 kilos.
En vez de denunciar la criminal explotación de que era objeto la mujer, sobre todo en la época del desarrollo del capitalismo y cuando todavía el movimiento obrero era muy débil para defenderse, tomaban como victoria lo que no era más que un escalón en la historia de la explotación de la clase obrera. Se olvidaron de la especificidad de la mujer; sólo consideraban su derecho a participar, en pie de igualdad, en la vida política, social y laboral, pero no tenían en cuenta el derecho a que se reconociera y protegiera su calidad de madre y más aún en unos momentos en que, por la brutal sobreexplotación a que eran sometidas y por la imposibilidad de cuidar a sus hijos, el futuro desarrollo de las generaciones de trabajadores estaba en peligro.

En cambio, las trabajadoras no podían olvidar esa realidad, como tampoco podían confundirse respecto al origen de todos sus padecimientos; de ahí que, paralelamente, se vaya configurando un movimiento de mujeres en torno a las organizaciones obreras; aunque hay que tener en cuenta que, en los inicios del movimiento obrero, cuando aún la clase obrera no se había configurado como clase con unos objetivos claros, la mujer trabajadora se encontró con la incomprensión de los mismos trabajadores. Así, por ejemplo, en numerosas ramas de la industria les fue prohibida la entrada por sus propios compañeros, se pedía su expulsión del trabajo y su retorno a la casa. El problema era enfocado de forma unilateral; sólo se veían las consecuencias realmente trágicas que acarreaba esta incorporación para la clase obrera en su conjunto: despido de la fuerza de trabajo masculino, descenso de los salarios en las ramas donde estaban empleadas mayoritaria mente las mujeres, consecuencias destructivas para la familia y la constitución física de las mujeres...

Los primeros que plantearon la necesidad de incorporar a las mujeres trabajadoras a la lucha por la emancipación de la clase obrera fueron los socialistas utópicos, entre los que destaca Flora Tristán; esta mujer se negó, de manera consecuente, a participar en el movimiento feminista burgués porque juzgaba que la cuestión de las mujeres era un asunto mucho más vasto y complejo y que no se iba a resolver, simplemente, con su acceso a la universidad y a las urnas.

Ahora bien, será con la aparición del socialismo científico cuando se Marx y Engels desarrollarán este tema en varias de sus obras, poniendo al descubierto la brutal explotación y las destructivas consecuencias que trae aparejado el trabajo industrial de la mujer para las propias mujeres y para la clase obrera en su conjunto; sin embargo, no se limitaron únicamente a denunciar sus manifestaciones -producto de la utilización que el capitalismo hace de la incorporación de la mujer al trabajo y no, como erróneamente se veía hasta entonces, del mero hecho de esta incorporación-, también y, principalmente, señalaron el alcance revolucionario que representa la inserción de las mujeres en la producción moderna;analice, por vez primera, la cuestión de la mujer científicamente, lo mismo en el aspecto de la familia y el matrimonio como en el trabajo.

En primer lugar:

  • Porque la convierte en compañera de lucha del proletario por una sociedad nueva 
En segundo lugar:

  • Por la superación y destrucción de formas de vida y concepciones atrasadas y por la construcción de formas y concepciones propias de una nueva y superior estructura social.


La influencia de las ideas marxistas entre los obreros afiliados a la I Internacional y la profunda y amplia propagación del Manifiesto Comunista sirvieron para que el movimiento obrero situara el trabajo de la mujer desde el punto de vista de su situación de clase; de esta forma, los recelos que existían en un principio hacia el trabajo femenino, desaparecieron y las reivindicaciones de la mujer trabajadora fueron asumidas. Las teorías bakuninistas y proudhonianas, que se oponían al trabajo de la mujer, fueron arrinconadas (Proudhon sostenía que las mujeres o eran amas de casa o rameras).

Muy pronto, en casi todas las secciones de la Internacional, se reivindicó el derecho de la mujer a ocupar un puesto en la producción industrial y, sobre todo, se luchó para que su trabajo fuera protegido y se prohibiese en aquellos lugares en que la toxicidad o la peligrosidad pudieran causar efectos perniciosos para su salud o la de sus hijos. Dos años más tarde de la publicación del Manifiesto Comunista (1848), las reivindicaciones de las obreras de la mayor parte de los países capitalistas podían resumirse así:

1) Acceso a los sindicatos en las mismas condiciones que sus compañeros

2) A trabajo igual, salario igual

3) Protección del trabajo femenino

4) Protección general de la maternidad.

Cuando en 1869, ocho mil hilanderas de Lyón, afiliadas a la Internacional, se declararon en huelga, recibieron el apoyo y la solidaridad de sus compañeros de clase en Francia y otros países, gracias a lo cual y su propia firmeza lograron imponer sus reivindicaciones. La chispa de la revolución había prendido en buena parte del proletariado francés que, dos años más tarde, proclamó la Comuna y llevó a cabo el primer intento de toma del poder.

Durante los dos meses de existencia de la Comuna, las obreras y trabajadoras de París defendieron con las armas en la mano, día a día y palmo a palmo, las conquistas de su clase. Cuando el ejército de la burguesía fue lanzado desde Versalles contra los insurrectos, las mujeres construyeron barricadas que defendieron con su vida. La represión que se cernió sobre el pueblo parisino por haber osado levantar la cabeza costó más de 100.000 muertos. Miles de hombres y mujeres fueron fusilados o enviados a la muerte en los campos de trabajos forzados de las islas del Pacífico. Entre los deportados se encontraba una de las insignes figuras de la Comuna: Louise Michel.


La enconada lucha de clases surgida en Francia supuso que, en este país, el movimiento feminista quedara postergado. Será en EEUU, Inglaterra y otros países capitalistas donde, por esa misma época, se organicen las mujeres de la pequeña y media burguesía bajo la consigna del derecho al voto, del derecho a elegir y ser elegida. La lucha, por ejemplo, de las sufragistas inglesas llevó a la cárcel y al exilio a muchas de ellas y adquirió, en algunos momentos, tintes realmente violentos.

A fines de siglo XIX, también las trabajadoras, alentadas por las mujeres socialistas, luchaban por la consecución del sufragio universal. Esta reivindicación adquirió importancia sólo en el momento en que la táctica del proletariado consistía en utilizar las instituciones burguesas contra las instituciones mismas. 

Para nosotras socialistas -escribía Clara Zetkin-, el derecho al voto de la mujer no puede ser el ‘objetivo final’, a diferencia de la mujer burguesa, pero consideramos la conquista de este derecho como una etapa importante en el camino que lleva hasta nuestro objetivo final, y que permitirá entrar en la lucha con las mismas armas al lado del proletariado.

El estallido de la I Guerra Mundial supuso un giro en la actividad y la orientación de la lucha de las mujeres; de nuevo se advierte la diferencia de posiciones entre las mujeres burguesas y las trabajadoras. Una de las principales dirigentes del movimiento feminista burgués declaró entonces:
Ha llegado la hora de dejar de luchar contra los hombres para luchar a su lado.

Las sufragistas encarceladas fueron amnistiadas y las más destacadas se hicieron responsables de organizar el reclutamiento de mujeres para sustituir la mano de obra masculina. En todos los países que participaban mientras las mujeres social-patriotas y burguesas se aliaban aliado de la clase dominante y hacían suya la ideología chovinista e imperialista, encubriéndola con el ropaje de amor y deber patriótico, las mujeres trabajadoras, agobiadas por la miseria que la guerra traía para ellas y sus familias, se veían obligadas a aceptar unos salarios de hambre, horarios interminables, condiciones de trabajo infrahumanas. Los capitalistas se aprovecharon de su falta de organización y experiencia en la defensa de sus intereses de clase para eliminar todas las reivindicaciones que la clase obrera había impuesto a través de largos años de lucha. Las mujeres pertenecientes a los partidos socialistas, que habían roto con los socialchovinistas y reformistas de la II Internacional, fueron las primeras en levantar su voz contra la guerra imperialista y en favor de la paz. Una buena muestra de esta actitud la tenemos en el Congreso Internacional de Mujeres Socialistas, celebrado en Berna en 1915, ya en plena guerra; a él asistieron un buen grupo de bolcheviques encabezadas por Nadejna Krupskaia y otras muchas socialistas, como Clara Zetkin. El Congreso finalizó haciendo un llamamiento a la paz:
en la guerra, miles y miles de mujeres accedieron a un trabajo profesional cualificado, a las industrias de armamento, a oficios que les habían sido vedados hasta entonces. Pero esa participación masiva en el campo laboral no tenía la misma causa para todas;
Paz, paz, que las mujeres precedan a sus esposos ya sus hijos y que proclamen sin cesar: los trabajadores de todos los países son hermanos. Sólo esta voluntad será capaz de detener la matanza. ¡Sólo el socialismo es capaz de asegurar la paz en el mundo! ¡Fuera la guerra! ¡Viva el socialismo!

La rapacidad capitalista, el naciente monopolismo, había echado por tierra y había arrinconado la vieja palabrería acerca de la inferioridad de la mujer. Intelectuales, políticos, periodistas,... hacían coro con la clase dominante para llamarla a que cumpliera con sus deberes cívicos, para recomendarle que no se entretuviera demasiado ni en la cocina ni en las labores domésticas; ya nadie hablaba de sus deberes de La burguesía necesitaba cerrar filas frente a un enemigo que se alzaba peligrosamente: el socialismo. Las consignas de paz y revolución socialista cruzaban Europa. La miseria y los millones de muertos crearon una situación de crisis revolucionaria abierta. Los socialistas y comunistas, que agitaban en favor de la paz, eran perseguidos y fusilados, acusados de alta traición... Y, en la mayor parte de los países, estallaron motines e insurrecciones contra la guerra y en favor de la paz. En Austria, por ejemplo, en junio de 1916, una manifestación de mujeres contra la guerra y la inflación levantó por todo el país una insurrección que duró tres días. Por esas mismas fechas, las mujeres de París expropiaban los almacenes de víveres y de carbón; en otros muchos países, cientos de mujeres se tendían en las vías férreas para impedir el paso de los convoyes que conducían a los soldados al frente. En el ocaso de la Rusia zarista, las obreras participaban activamente en los movimientos huelguísticos; el 8 de Marzo de 1917, las obreras textiles de San Petersburgo se lanzan a la calle exigiendo pan y paz; meses más tarde, la clase obrera rusa toma el poder, instaura la República de los Soviets y declara la paz.
esposa y madre.

El triunfo de la I Gran Revolución Socialista marcó un hito en la historia de la clase obrera de todo el mundo. Por primera vez se demostró, en la práctica, cómo con la abolición de la propiedad privada sobre los medios de producción y la inserción de la mujer en la producción de bienes sociales, en un sistema en el que no existen ya ni la explotación ni la opresión del hombre por el hombre, se crean las bases necesarias para que la mujer pueda desarrollar, plenamente, su personalidad como trabajadora y como ciudadana.



Fuente: "La mujer en el camino de su emancipación"

sábado, 24 de mayo de 2014

"Asumiré el castigo que el juez me imponga por defender mis principios":


Nuria Zurita Aragonés, de 29 años y residente en Hervás, no acudirá este domingo a la mesa electoral a la que ha sido convocada como primera vocal.

«Con mi decisión sé que me expongo a un castigo de hasta un año de prisión o 24 meses de multa; lo dice una ley injusta, pero lo asumo. Mi motivo, objeción de conciencia por razones ideológicas y morales, recogida en el artículo 16 de la Constitución, la misma que nos garantiza vivienda y trabajo».

Nuria Zurita Aragonés lo tuvo claro desde el momento en que leyó la carta que le llegó por correo el pasado 29 de abril. «No iba a formar parte de ninguna mesa electoral», afirma convencida.

Por eso, el 12 de mayo pasado presentó ante la junta electoral de zona las alegaciones en las que explica los motivos por los que no quiere ser la primera vocal de esa mesa electoral para los comicios.

Esas alegaciones han sido rechazadas y, aun así, esta madrileña afincada desde hace siete años en la localidad cacereña de Hervás anuncia que el domingo no acudirá a su cita, a pesar de las consecuencias que deberá afrontar por su insumisión. «Asumiré el castigo que el juez me imponga por defender mis principios», declara.

Votó nulo por primera vez, cuando tenía 18 años. Nunca más desde entonces hasta ahora, con 29 cumplidos, ha vuelto a participar en un proceso electoral.

«No creo en este sistema, en esta democracia que tenemos que es injusta para tantas personas y por ello yo no voy a formar parte de él». Asume que vive dentro del mismo, pero se niega a secundarlo. «Yo no voto, no me veo capaz de legitimar este modelo político, mi conciencia no me lo permite. Y no suscribiré el ‘si no votas, no puedes quejarte».

Lo deseable

Nuria se posiciona en un lado radicalmente opuesto: «Si votas, decides que sea otro el que hable por ti. Yo creo que la abstención es una crítica en sí misma; la abstención activa, lo deseable».

Esta licenciada en Ciencias Ambientales, que se costeó trabajando sus estudios desde que a los 18 años decidiera independizarse, mantiene que para cambiar el sistema no se debe participar en él. Ella no lo hace, pero sí en movimientos alternativos y asamblearios con el convencimiento de que «la soberanía es el alma de un pueblo y no debe venderse ni entregarse», afirma.

Por una nueva sociedad

Opina que es más fácil dejarse gobernar por un absoluto desconocido que luchar por una convicción propia. «Porque nos enseñan desde pequeños a ello, porque no se premia la crítica trabajada, porque no son bienvenidas las voces discordantes que ayudan a tumbar antiguas hipótesis y a crear nuevos puntos de vista, porque aprendemos bien a acatar, a no intentar llamar la atención más que por méritos académicos».

Aunque reconoce que hubiera preferido no haber recibido la carta electoral, está dispuesta a defender sus principios hasta el final. «Es preciso el cambio y por él trabajo, a pesar de que yo no veré nunca esa nueva sociedad». Por eso ha levantado su voz discordante y ha alegado objeción de conciencia por motivos ideológicos y morales para no participar en los comicios del domingo.

«Pero resulta que mis motivos no son válidos, aunque sí se contempla la posibilidad de no asistir por motivos religiosos y también la relevancia de un acontecimiento deportivo, como hecho extraordinario, para eximir a un hincha de un equipo de fútbol de su llamamiento a formar parte de una mesa electoral», lamenta.

Pero no se rinde. «Haré primar mis principios este 25 de mayo». Nuria no acudirá a su cita con las urnas.



miércoles, 21 de mayo de 2014

Brigadas Internacionales: Felicia Brown

¨Soy miembro de los comunistas de Londres y puedo luchar como cualquier hombre.¨
 Felicia Brown

A Felicia Brown le corresponde haber sido la primera persona de nacionalidad británica caída en combate durante la Guerra Civil, apenas un mes después de comenzar la contienda.

Quienes conocieron de cerca a Felicia Brown, subrayan la sensibilidad que desde muy joven mostró por los acontecimientos políticos que sacudían Europa, especialmente la irrupción del fascismo en Alemania. Enseguida se involucró en el activismo político y en 1931 tuvo la oportunidad de viajar a la Unión Soviética. A su regreso se implicó de lleno en las actividades antifascistas y en 1933 se unió al Partido Comunista de Gran Bretaña.

Nada más producirse el golpe de estado fascista de 1936, Felicia Brown decide viajar a España para empuñar un fusil y unirse a los defensores de la República, pese a que carecía de experiencia militar, como muchos de los brigadistas internacionales. En su país había declarado: "I am a member of the London Communists and can fight as well as any man". Encontró la muerte enseguida, durante una emboscada, acribillada a balazos al intentar socorrer a un camarada italiano herido.

Fuente: blogdelviejotopo.blogspot.com.es/

martes, 13 de mayo de 2014

TESTIMONIO: DE CAMPESINA A GUERRILLERA


El testimonio de la guerrillera Milena es una historia que se ha repetido una y otra vez a lo ancho y largo del territorio nacional. Las mujeres colombianas llegan a las filas de la guerrilla porque han sido desplazadas, perseguidas, estigmatizadas. A veces, como en el caso de Milena, han quedado viudas, por las atrocidades paramilitares o por la violencia estatal. 

Los medios de comunicación guardan silencio total frente a estos hechos reales que abundan en Colombia. En las filas guerrilleras es común escuchar estos relatos, detrás de cada guerrilleros hay historias que reflejan la magnitud del desangre nacional al que nuestro pueblo ha sido sometido durante tantos años.

Guerrilleros huérfanos, guerrilleras viudas, guerrilleros con sus familias asesinadas, sobrevivientes de masacres, perseguidos políticos, que ven en la lucha armada la única forma de sobrevivir en un país que los ignora, un estado que los persigue. Sin embargo, no todo está perdido, pues tienen la vida para defender una patria que les ha sido arrebatado.

Estos relatos también hacen parte de la verdad sobre el conflicto interno en Colombia; más aún, demuestran las causas sociales que lo han iniciado y que lo siguen atizando.

Fuente: http://pazfarc-ep.org/index.php/articulos/tras-la-noticia/1894-video-de-campesina-a-guerrillera-testimonio.html

domingo, 11 de mayo de 2014

TODXS CON PEPITA Y CONTRA LA REPRESIÓN

¡Defender a las presas y presos políticos no es un delito!

El pasado mes de Marzo, Pepita Seoane Vaz recibió una notificación en la que se le insta a comparecer en los juzgados de Coruña el próximo 12 de junio en calidad de imputada. En ella, la Audiencia Nacional, Tribunal Político, acusa a Pepita de “un posible delito de enaltecimiento del terrorismo” por unas declaraciones suyas al diario El Mundo que fueron publicadas el 7 de julio de 2013 con el título de “Ni la madre ni los hijos GRAPO se arrepienten”. Una pseudo entrevista en la que todas las preguntas perseguían obtener de Pepita la “condena del terrorismo” y su “solidaridad con las víctimas”, táctica muy recurrente que los periodistas a sueldo del Estado utilizan para poner a la disidencia en el punto de mira de la represión.

Un nuevo ataque contra el movimiento de solidaridad

Hace ya años que, desde el movimiento pro-amnistía, venimos denunciando el empeño del Estado en rematar con cualquiera resto de solidaridad con los presos y presas políticas a través de todo un arsenal de leyes que castigan, entre otros actos, cosas como portar sus fotos en manifestaciones o realizarles homenajes. Una campaña que comenzó con las ilegalizaciones de organizaciones como Gestoras Pro-Amnistía o los Comités por un Socorro Rojo Internacional y que no sólo no fue a menos sino que se mantuvo y se agrava día a día con el aumento del descontento y la protesta social. No es la primera vez que desde los medios de comunicación relacionan a los presos políticos con manifestantes de Gamonal, 22 M, así como con todo tipo de protesta social para acusarlos a todos y todas de “terrorismo”.

Tampoco es casual que la imputación de Pepita por “enaltecimiento del terrorismo” cuadre precisamente en el tiempo con la derogación de la conocida como “Doctrina Parot”, la salida de la cárcel de su hijo Suso Cela Seoane y su homenaje y de otras dos ex-presas políticas galegas: Aurora Cayetano y Iolanda Fernández, todo vinculado a su lucha continua en defensa de todos los presos políticos. Estos acontecimientos situaron a nuestro COMITÉ y muy especialmente a Pepita en el centro de los ataques de la prensa, llegando a señalarla desde sus páginas como “la matriarca ideóloga de los GRAPO”.

Más de treinta años de lucha por los derechos de sus hijos y de todos los presos


Mucha gente en nuestra ciudad, en nuestro pueblo y mismo en el resto del Estado conocen la historia de Josefa Seoane Vaz. Nieta, hija y esposa de guardia civil, nuestra Pepita rompió con buena parte de su ámbito tras la primera detención y torturas que sufrió su hijo Paco en los primeros años 80. Detenciones, torturas y encarcelamientos que se irían sucediendo y que afectarían a sus tres hijos: Paco más de 30 años de cárcel -y aún sigue sumando- Suso 28 años presos y Carlos que pasó 10 meses en prisión por un presunto delito de “colaboración con banda armada” por el que nunca llegó a celebrarse ningún juicio.
Varias décadas durante las cuales Pepita no dejó ni por un momento de acompañar y sobre todo denunciar la situación tanto de sus hijos como la de sus compañeros y compañeras presas. Presos políticos mayoritariamente pero también presos sociales. Y por esto es por lo que esta incansable luchadora se ha ganado de sobra el título de ser la madre de muchos otros presos y presas. Prácticamente no hay cárcel del Estado español a la que Pepita no fuera a ver a algún detenido o detenida. Miles y miles de cartas escritas de su puño y letra para hacer llegar su solidaridad, la solidaridad de la calle, del pueblo trabajador, con sus presos y presas.


Un referente del movimiento de protesta en la calle

Mas Pepita no es conocida únicamente entre los presos y presas, también lo es, y mucho, en la calle, por estar siempre ahí, en todas las manifestaciones, charlas y actos en que se exprese la voz de los oprimidos. Decenas y decenas de movilizaciones y actos de todo tipo en los que esta mujer sigue participando para denunciar las injusticias del sistema capitalista. Desde el movimiento vecinal, de parados, contra los recortes, por la defensa de los derechos de los trabajadores hasta el movimiento insumiso, ocupa o feminista. Pepita no dejó de estar nunca “na primeira liña da fronte” y eso a pesar de su delicado estado de salud y de sus actuales 75 años.

El Estado quiere apagar las voces críticas

Es obvio que estamos ante un intento de meter miedo no sólo a Pepita si no -y principalmente- al conjunto del movimiento de solidaridad con las personas presas e más en general a todos los que de una u otra forma se enfrontan al Estado. Es por eso por lo que los jueces no dudarán en hacer pasar por los tribunales a una mujer de edad tan avanzada a la que poco o nada puede asustar una amenaza de dos años de cárcel por tal “enaltecimiento del terrorismo”. De lo que se trata es de castigar el ejemplo de coraje y dignidad de una madre que no ha renegado de los suyos ni tampoco de las ideas de sus hijos. Por que ese coraje y esas ideas son, en definitiva, los motores que llevaron a Pepita a convertirse en esa mujer que no calla ante nadie, ni siquiera con los periodistas-policías de El Mundo y otros medios de desinformación de su misma ralea.

“Si tocan a Pepita nos tocan a todas”

Con este titular un Colectivo Feminista de nuestra ciudad recogía el sentir generalizado que se produjo entre nosotros al conocer la noticia de la imputación de Pepita. Nos toca a todos por que en ella golpean de frente a los derechos más elementales, como es el derecho a expresarnos libremente sin que a nadie se nos pueda meter en la cárcel por eso. Tocan el derecho a la solidaridad y el derecho a la protesta.
Son, por lo tanto, también nuestros derechos los que debemos defender apoyando a Pepita, movilizándonos para pedir su libre absolución. Del mismo modo que debemos defender a todas las verdaderas víctimas del terrorismo: los cientos de mallados, mutilados y detenidos en las últimas manifestaciones contra la crisis económica; los que llevan décadas en la cárcel por su compromiso político y los mozos y mozas que hoy están a ser igualmente castigados con prisión por enfrentarse a la policía e las calles de todo el Estado.

No más represión, Pepita Absolución!

Es por todo lo anterior y por muchas otras más cosas por lo que desde la PLATAFORMA POLA ABSOLUCIÓN DE PEPITA E CONTRA A REPRESIÓN solicitamos el apoyo activo de todos los colectivos de la ciudad, de Galiza y del resto del Estado para con esta mujer. Movilizaciones que culminarán con una Concentración delante de los Xulgados da Coruña el próximo 12 de junio a las 10,00 H y para la que queremos aglutinar a la mayor número de gente posible con el fin no sólo de conseguir la libre absolución de Pepita, sino de parar este nuevo atropello y evitar en la medida de nuestras fuerzas otros futuros.




Fuente: http://amnistiapresos.blogspot.com.es/